sábado, febrero 26, 2011

Sueltos IV


      Retrato de una infanta


      ¿Te extraña aún la inconsistencia

      del tacto?

      Aunque te abrases, aunque

      no te quede rasgo en la piel,

      aunque el próximo abrazo vaya

      a privarte del corazón.

      ¿Te preguntas aún por tantas

      flores nuevas entre los dedos

      femeninos?


      Juan de Flandes

      no me responde a la fisura,

      no me dice si la ceniza

      de la doncella

      -tan joven, tan ensimismada

      en su altivez-

      se mezcla

      con el barro o va y viene al viento.


      Qué pregunta

      es ésta en el cansancio, herida

      contra dios,

      una invención, gesto distante

      en la mirada de la niña.


      Juan de Flandes no ha regresado

      para corregirse.

domingo, febrero 20, 2011

Sueltos III


      El escarabajo

      sube por el mentón de Giovanna

      Tornabuoni.

      Dile que parpadee, que pellizque

      su mejilla, que lleve la mano

      hasta la suavidad bajo su ojo,

      que gire su cabeza y me mire

      y deje su perfil y se vuelva.


      Ven desde el silencio coralino

      de tu no ser.


      Está muerta cuando fue pintada

      y el homenaje es un raro aroma.


      ¿Consuela

      contemplarla

      si ya no se cansa de posar

      y no responde y ni de vestigio

      la dulce gutural en su nombre

      insiste?

      ¿Consuela

      si sólo es hueco

      la elegante curva de su nombre?


      Ven desde tus años invisibles.

      Dile que mire, que se espante

      el escarabajo

      sobre la carne de los fantasmas.


      No se puede tocar. Más que muerte,

      más

      que pronunciada

      o admirada

      respira por un instante, luego


      qué me consuela.

sábado, febrero 12, 2011

Sueltos II


      Ahora vuelven a moverse

      las algas de aire.


      Las camisas de las avispas

      aún no se han secado; zumban

      en las cocinas persiguiendo

      el olor del melón abierto,

      se entontecen en la flor breve

      que la acacia suele ofrecer

      antes de adiós, adiós, me marcho

      con los poetas de melena

      mojada y ojos

      para un anillo

      de parpadeos.


      Ahora se mueve el regreso;

      una sensación

      de haber sobrevivido sobre

      la mejilla carnívora

      del verano.


      Pero me canso

      de tanto erguirme.


      ¿Quién me besa, quién

      se ofrece

      para el trastorno de mi sexo?


      Ahora el aire se confunde

      con la ausencia del mar.


      Me canso, escucha, me canso tanto

      de agradecer.


      Quisiera ser

      pagana hasta los huesos.

domingo, febrero 06, 2011

Sueltos I


      Estuve bailando en el agua

      hasta que le crecieron uñas

      al corazón. Mi madre tiene

      branquias que se cierran; se asfixia,

      se convierte en coral, en grano

      de arena. Me queda un instante

      para mecerme sobre el agua.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas