domingo, junio 27, 2010

VIII El Jardín de Artemisa


      Con un collar de dulcamara alejo

      a la bruja que quiere atormentarme.

      Sus uñas manosean el veneno

      del recuerdo.


      Niña del equinoccio de las flautas

      hechas de ortiga blanca;

      se detiene

      la ardilla para oírme en el acopio,

      se asoman los tritones de saliva

      ruidosa.


      No soy feliz

      ni aquejada de un ruido de tristeza.


      Una puerilidad de poco acero

      me iguala a lo que bailan los vilanos.


      En esta pequeñez donde resido

      la bruja se ha cansado del veneno.

      Cada caricia mía pone música

      al no final de hielo, sólo un paso.

sábado, junio 19, 2010

El Jardín de Artemisa VII


      Mujeres pelirrojas

      sacudiéndose las únicas lumbres;

      cobres

      por detener el corazón del ánimo

      seguro,

      por saber que los lobos

      gustan de los engaños.


      Del madroño, de la pulpa que embriaga

      recogen el olvido.

      Fuera, en las carreteras,

      cuentan que es estar vivo

      el trabajo

      o la melancolía.


      Juegan con el vapor

      de labios vegetales

      y qué responden a los cazadores,

      al fugitivo crimen,

      qué equivocan vistiéndose de finas

      telarañas,

      qué danzan, pelirrojas,

      quién las mira si aún

      no todo se ha domado

      en los lindes del bosque...

viernes, junio 11, 2010

VI En el jardín de Artemisa


      El carpintero busca

      esponjosas monedas,

      y es un reloj,

      parece un ritmo,

      no se asusta de mí.


      Invento el apellido de los pájaros;

      un ritmo, no se asustan

      de mí,

      sólo sentido

      porque espera la araña,

      sólo marcado al salto de un insecto

      que escapa de mi pie

      y va a parar a redes,

      oigo su grito.


      Otro reloj de sol

      que al aguacero sigue

      se deja abanicar

      con amarillos péndulos

      y el intervalo, arriba, de una nube

      llevando acá y allá

      sombreros de gigantas.


      El carpintero sigue

      picoteando pulsos,

      la duración eterna.

      De los restantes pájaros,

      saludos tras el agua.

martes, junio 01, 2010

En el jardín de Artemisa V


      LOBA


      Dime lo que conoces

      del cebo descompuesto,

      de las uñas biseles en las rocas.


      No soy la comadreja que enloquece

      con sangres,

      no dispongo del tiempo como orugas.


      Te alcanzaré

      más tarde o más temprano pero ahora

      afilo mis colmillos

      en esos roedores

      con paladar de nueces y melaza.


      Quiero escucharte ahora

      mientras retiro cielos de tus astas,

      ronquera de berridos,

      telas con que se viste

      la solitaria madre de los bosques

      de placidez y machos.


      Pateas la blandura,

      la percusión mojada,

      me olfateas alerta,

      sabes

      que si fuera mi abrazo fuera siempre

      el abrazo final.


      Ya te amaré después cuando se acerque

      tu inclinación al brezo

      y los gusanos.


      Quiero escuchar ahora

      qué pulcritud desplaza a la tristeza,

      qué libre certidumbre te ha montado

      y qué peligro puedo

      contenerte,

      oh carne preferida,

      mi ciervo azul huraño, mi maestro.


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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas