viernes, mayo 28, 2010

IV En el jardín de Artemisa


      Roza la timidez de los galápagos

      puntas de huesos

      pulidos en el curso

      y la nutria construye un laberinto,

      y el barbo, y la culebra...


      El río

      con el nombre de espada de dos filos

      busca el temple del tiempo en las ciudades,

      corre hacia las leyendas

      de la infidelidad,

      de ser un cuerpo acariciante, fértil.


      Pero cerca no es día ni es segundo,

      viene de las montañas

      con sortijas de dioses cuyo pelo

      sólo rescatan los tritones para

      adornar su casa,

      viene

      riéndose

      porque me debe aún el viejo ciervo

      un trago de su boca.


      Oro de los guijarros,

      limo que no ha paladeado azúcar

      de ocasiones perdidas,

      de jardines donde fue doloroso

      despedirse.


      Todavía no es tiempo,

      todavía mujer

      anfibia, espada

      que recorre las puestas de las moscas.


      Me quedaré en su orilla

      todo lo que respire,

      lo que pueda

      repetir en libélulas.


      Un movimiento

      su brazo transparente,

      algo que nunca cesa,

      no se deja medir.

viernes, mayo 21, 2010

En el jardín de Artemisa III


      Entre los árboles los toco y adel-

      gazan su fiereza;

      me perdonan su muerte no tan muertos,

      no tan estúpidos

      como las niñas blancas.


      Entre los árboles los toco y eran

      mi piel.

      Al penetrar aquí y hallarlos mudos

      me revelan despacio

      que soy lo que son ellos,

      que nacieron conmigo,

      que no me acorralaron.

miércoles, mayo 12, 2010

En el jardín de Artemisa II




      Si dejo de escuchar con la mirada,

      tumbada y nunca muerta,

      un oficio de mar

      acompasa sus olas en las ramas

      y, tierra adentro, barcos,

      griterío de un puerto, oblicuos

      mascarones impacientes.


      Me deslizo a las islas

      donde no se contagia

      el residuo de la melancolía,

      donde no se sabe llorar,

      dolerse,

      manutención temblando.


      Hay un estar viviendo

      lo presente,

      hay un exceso para nada

      de los giros más bellos que las damas

      suelen trazar con sus sombrillas.


      Tierra adentro,

      muy dentro, el viento de los árboles,

      mañanas de la espuma,

      veletas en las velas reidoras

      y una música cerca.




viernes, mayo 07, 2010

En el jardín de Artemisa I


      Saltar al agua y sumergirme y ver

      la mínima importancia del azúcar.


      Verter la taza

      de leche de la pena, estar de acuerdo

      con mi hermano porque nadar sin grava...


      Igual que un bosque

      sumergido: cintas de olvidadizas

      algas, carnívoros

      de risas de las niñas con merienda

      y en una transparencia de medusas,

      la clorofila, el vaho

      de los depredadores de recuerdos.


      Y seré más hermosa que las rubias

      en la Quinta Avenida,

      más hermosa que los campos tediosos

      del trigo, siempre

      diciendo la verdad.


      Aprenderé el secreto de la Diosa

      que alguien dejó caer

      cuando escapaba de los bárbaros.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas