sábado, enero 30, 2010

COLORICANCIONES: Azules I

Una vez más vuelvo a publicar con el poeta Jesús Pino. Esta vez se trata de ir al aire de los niños (que no de literatura infantil, me repeluzna esa definición) con poemas sencillos. Esta es la portada:


Yo he dedicado mi parte a los colores...



AZULES

      ÍNDIGO

      Cuando el calor se ondula

      y la tarde se tiende

      en su cansancio.


      Las casas de La Mancha

      se han vestido con faldas

      añiles recordando

      los telares del mar,

      sus viejos trajes.

      Y, en el anochecer,

      cuando el viento solano

      se cambia a la frescura,

      mis montes más queridos

      azulean callados

      y los enamorados

      se agradan en las huertas

      refrescándose.


      Es el color exacto

      de la calma,

      es el de las violetas

      bostezando.


      Salgo a la calle, entonces,

      y puedo respirar

      donde el verano.



    viernes, enero 22, 2010

    Puentes

    El texto que presento está incluido en el catálogo de una exposición del grupo Estación, que gira en torno a los puentes, inaugurada en octubre de 2009 La primera imagen de T. Ruiz y, la segunda, una de las fotos de Félix Pantoja, dos de los componentes de este grupo de artistas.



            Vínculos


            El puente Bifröst

            Ni siquiera Heimdall es eterno. El Ragnarök vendrá para llevárselo. ¿Cuándo, cuándo? Sopla en tu cuerno ahora, dios, para que las estrellas movedizas de leche despierten y alcancen mi cuerpo. Para que mi amante brinque como un niño, de luz en luz de noche, mira, jugando al tejo, hacia mi cuerpo.

            Isla íntima

            El hombre que invita, Izanagi, salta con su amada por el puente del cielo y arroja al mar su lanza. Entonces emerge el promontorio donde se aman ellos, donde se franquean, mutuos se acceden, y se incorporan, se enlazan, se disuelven. Y ahí no hay tiempo, lascivia únicamente. Y ahí deseo estar.

            Paso definitivo

            En una sola dirección van los muertos por el Chinvat. La bondadosa Daena acaricia sus rostros y su perro olfatea los rastros de la vida. Estoy cansada, dice al guardián, de recorrer el puente. Y Rashnu le contesta: Si duermes un instante tendrán sed los fantasmas. Ah, es que ella quisiera envejecer como mi cuerpo.

            Iris

            Esta niña se pinta los ojos con los siete colores de la lluvia. La envidio cuando abre las puertas y entran en la ciudad el olor del perdón, la ternura primitiva de un bálsamo de frutas y cierto olvido, el necesario para repetirse en los errores apasionados, ésos imprescindibles de la sangre. Ella, incluso, se detiene en un puente llamado San Martín y da conversación a la mujer asesinada.

            Acá y allá

            ¿Y no enceguece ir desde el portón del ayer hasta la incertidumbre?, piensa Jano, me duele el cuello de mover la cabeza. Yo sé el secreto para que reposes: nunca existe el pasado y el futuro no late todavía…tan sólo discurrir, atravesar los cuerpos, fluir, fluir de carne, le respondo.

            Hombre ahogándose

            Pero respira. Tiberino respira y es de agua, y es de ese valle, al fondo, que lo acoge, y es de ese mar de sal que hay en un cuerpo. No queda nadie que lo libre de entregarse a la piel y más adentro, justo en los órganos húmedos del ansia, en ese centro, precipitado desde el puente de papel de mesura, quebradizo. No se defiende, no se salva, se ha tirado a morir porque está vivo.

            Puente-cuerpo

            Y si tú me cruzaras, despacio, retardándote en la arena dorada que hace curvas, que se deja lamer por las adelfas y las culebras que anidan en la orilla…Los peces subirían de sus nombres secretos, ¡cómo te morderían suavemente y cómo aprenderías de su tacto! O deprisa cruzarme, torpe, casi corriendo. La avidez es una cosa con forma de suicidio, sí, igual que las princesas que se arrojan al río con piedras en su boca. Y luego, algo saciado, retomarme en la calma, mover la lentitud, traspasar el sentido, atravesar el cuerpo. Cruzar, vincularte en el cuerpo, transitarme. ¿Acaso quien vadea no peligra?






    sábado, enero 16, 2010

    Último poema de Idolatrías



      IDOLATRÍAS

      Estoy sentada a las puertas del templo

      persiguiendo

      la exhalación casual de las fugaces,

      soplando una pestaña y admirando

      el idioma fatal de las egipcias.


      Una palabra y mi memoria empuja

      caravanas que llegan al oasis

      de las tribus azules.

      Una palabra y los dioses no cesan

      de pescar en mi pecho con navíos

      que trazan mediodías

      en el amanecer.

      Una palabra y los enamorados

      consiguen molturar todas las flores

      del veneno

      y los veo morir incorporándose.

      Una palabra y el sentido común

      de las langostas

      arrasa las materias escolares

      devolviendo a las aulas danzas verdes

      alrededor del fuego.

      Una palabra y por los dormitorios

      de los cuarteles

      se deslizan intrusos maquillados.

      Una palabra

      y las puertas del templo se mantienen

      cerradas.


      Todavía no olvido

      el eco incomprensible, templo adentro.


      Todavía no olvido

      qué sigiloso ámbito, templo adentro

      es el secreto

      de la sangre vertida en los espejos.




    No puedo evitarlo, como diría Valmont, siempre vuelvo a ellos:

    domingo, enero 10, 2010

    Idolatrías: travestida



        TRAVESTIDA


        El insecto-rama es un artista

        que desconcierta a los vencejos.

        Los vencejos o volantines

        enredan los sedales del calor

        y el calor exubera el arrebol

        de la dulce muchacha casadera

        y la muchacha se desviste

        con devoción de maniquí

        para ser lo que el hombre la prefiere,

        para precipitarse a las imágenes

        de su perfecto cuerpo alado.


        Ella juega como camelia

        femenina,

        juega a los gestos de mujer,

        juega a las madrigueras de los hombres,

        al sexo fantasmal de su hermosura

        y se desea tanto, tanto

        que parece

        la mirada del hombre que la mira

        cuando el calor maquilla su carmín

        y los vencejos multiplican

        las cometas o anzuelos, vigilando

        las ramitas delgadas que simulan

        la artística situación de un insecto.






    domingo, enero 03, 2010

    Idolatrías: fuego


        FUEGO

        Solamente me quedan tres hermanas

        que aún no se han quemado.


        La cocina está a oscuras

        y el teatro de sombras del hogar nos relata la historia

        de un amor:


        dondiegos del corazón despedidos

            al glaciar de la Luna madurando

            en pavesas,

            la pena travestida en obra de arte,

            los hilos de un aroma

            en el robo precoz del calendario

            y las corolas delicadas yendo

            a la ponzoña gris.


        Mis tres mudas hermanas, apresadas

        en las enredaderas que suben de la brasa hasta la risa

        oscura,

        mudan sus dedos largos en las lenguas

        que escriben tatuajes sobre la faz secreta de los cuerpos.


        Graban despacio el acto

        que jamás se pronuncia impunemente.

        Ya no tienen pestañas ni aire fresco;

        miran, miran la lumbre

        y en el rojo sin pausa rememoran un vestigio de amor

        de salamandra.



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