viernes, septiembre 26, 2008

XXVIII Poemas en Hermes (Revista nº 10)

RAIMUNDO DE PABLOS



      "Cómo llenarte, soledad"...*

      Siempre he buscado la misma palabra
      en el idioma de los caballeros de la vieja Europa
      y en la voluntad que se ha resistido
      a los días más hábiles
      como calzada romana cubierta
      por la hierba.

      La preciosa palabra del orfebre,
      la palabra del tigre,
      la palabra que chupando la médula
      a la inocencia nace
      más cerca que mi madre o que mi pecho.

      Es la señal que grabaron los brujos
      en mi frente,
      el perro fiel que nunca me abandona
      cuando se olvidan todos los amantes
      de pedirme perdón.

      Aquí, en esta palabra,
      sumerjo mi amargura
      y me voy desnudando ante sus ojos
      pues sólo en ella entiendo quién he sido,
      sólo en ella me busco
      y me acompaño.

* Ah, Cernuda, Cernuda...

viernes, septiembre 19, 2008

XXVII Poemas en Hermes (Revista nº 10)

FRANCISCO APARICIO


    Cuento


    I


    La princesa
    nació durante el tiempo de la caza,
    cuando los crisantemos equivocan su orgullo.

    Nació porque el azar es una incomprensible criatura
    que nunca se confía.

    Sus padres eligieron, para su nombre, nombres
    del oro y minerales
    que sueñan los esclavos del descanso.

    - Te llamaré la aurora y su promesa,
    dijo su madre.
    - De acero, de jubilosas conquistas,
    dijo su padre.
    Y levantó su mínimo cuerpecito a la luz.

    Y hubo una sola fiesta de cariño;
    engalanada plaza de reyes y de lluvia
    para que no faltara ni el trigo ni la leche
    ni el algodón en los cuerpos hambrientos.

    Vinieron los espíritus
    que regalan la suerte y su moneda.
    Señales en las nubes, águilas positivas,
    y tres encantadoras como si tres virtudes
    pudieran convencernos, bailar como tres gracias.

    El sol en la colina del laurel.
    El aire igual que el mar.
    Y nada que contenga una palabra oscura,
    ningún presentimiento
    ni ninguna mentira.


    II


    Pero anduvo la Luna la noche, acechadora.
    La Luna o la mujer o La muerte en los ojos
    o Diana cazadora sorprendida.

    No recibió un presente de rosas confituras
    ni contestó al mensaje que nunca fue enviado.

    ¿Qué insalubre lesión es el desprecio?
    ¿Qué venganza responde al desatento olvido?

    Llegó cuando la fiesta era confiada,
    cuando se presentían nomeolvides azules,
    cuando se piensa en bodas y en regalos.

    Y enmudecieron todos,
    la lluvia,
    los guerreros,
    las arañas de luz.

    - Serás Indiferencia,
    te llamaré el ingrato
    dolor de los que pierden la alegría,
    te quedarás despierta
    llamándote Penumbra -,
    gritó al desvanecerse la Luna sobre el agua.

    Nadie supo romper la maldición
    de la melancolía.
    No se la vio crecer a la hija del deseo.
    Y nadie entró en el bosque
    ni derribó el castillo de maleza.

    Pisoteó el rebaño de elefantes
    la tienda hecha de día
    y la princesa tuvo
    su momento vulgar de desatino.

viernes, septiembre 12, 2008

XXVI Poemas en Hermes (Revista nº 10)

PABLO SANGUINO




    Pereza


    Me resulta cansado dar una explicación, por qué me gusta convivir con objetos silenciosos y no tener que conocer la prisa para buscar un hombre que me cuide.

    Antes era muy joven y muy crédula, el tiempo se ponía de mi parte, bandadas y bandadas de aves impetuosas levantaban mi vuelo... y ¿qué era yo sino reciente manantial, burbuja enamorándose?

    Me resulta cansado salir por encontrar una respuesta, llegar de madrugada sabiendo que aquello que la noche prometía fue menos que un señuelo, llegar de madrugada con la boca dolida de tanto sonreír a los fantasmas.

    Prefiero no vestirme los domingos, viajar por el pasillo de mi casa, nadar hacia las islas aún con sus poblados sin rendirse.

    Prefiero no mirarme al espejo y soñar algo mientras transcurre el día calladamente dulce y perezoso.




viernes, septiembre 05, 2008

XXV Poemas en Hermes (Revista nº 9)


BALDUNG GRIEN




    Az-Zahr

    Leo mi porvenir en las constelaciones
    aunque azulea el cielo
    y se borra el dibujo
    que deseaba el mago babilónico.

    Fue el temor:
      ciego el ojo que observa mi provecho,
      ciegos la rueda, el dado y el destino.


    Acaso habrá quien piensa que un corazón se parte
    y entonces se estremece la ciudad solidaria.
    Habrá quien tranquilice
    su terror porque piensa que todo se encadena
    y en todo una razón sosiega el vértigo
    que aloca las preguntas.

    Pero nada responde,
    el descanso de un astro no me salva ni calma
    mi sospecha.

    Puede venir el día de este lado
    y llegar a la noche con las pestañas rojas
    del asombro.
    Puede venir el viento y llevarse cruelmente
    mis telas más preciadas.

    Ojalá me atreviera
    a no esperar un brillo más largo que un instante,
    a no escribir soñando que me quiere
    la sibila de Delfos
    y a leer la estrellas con la mirada fría,
    desencantada, insomne, sonriendo,
    atea, indiferente, con la mirada fría
    como un moderno astrónomo.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas