martes, julio 29, 2008

XIX Poemas en Hermes( Revista nº 7)

Amiga mía, tú, Fiordiligi y yo, Dorabella... Ah, mi ópera preferida, Così fan tutte.... Todos dicen de su misoginia, pero, ¿ y si lo das la vuelta? ¿A cuento de qué poner a prueba el amor de una mujer? Así les fue a los tontainas de Guglielmo y de Ferrando.Que espabilen.

Y, ahora, el poema








      Bodhisattva

      No quisiera tan pronto convertirme en un perfil inmune con los astros, en un soplo fugaz si no repite mi ser un nuevo ciclo de amargura.

      No quisisera morir finalizando la cadena de cuerpos doloridos que olvidan su anterior carcasa lenta de paja, espantapájaros y hombres.

      Ah, que el Nirvana espere mi cansancio...

      Pues, ¿dónde viviré tanta miseria del hambre muy furiosa, desatada?

      ¿Dónde seré un minuto de deseo por transformarme en música de Mozart o por bordar manteles de Matisse o por hurtar al río de la infancia su infalible conjuro de hechicero?

      ¿Dónde sino en los doce millones de kilometros que inaugurara Elcano veré las maravillas de este mundo, el optimismo innato de las puertas que dan al mar, al Este, a los alisios?

      Ah, que el Nirvana espere mi abandono...

      Todavía me queda liberar a los tigres, rendir mi resistencia a su fiereza. Todavía me queda diferenciar la noche de la aurora y asombrarme de cómo viene el día perdonando.

      Y sobre todo doblegar mi miedo si subo a las campanas ojivales, si miro el blanco intenso de las clínicas, si me piden la voz y me desmayo, excitada con tanta arquitectura.

sábado, julio 26, 2008

XVIII Poemas en Hermes (Revista nº 7)







      Restaurant de La Sirène ( Van Gogh)

      Saldremos a esperarla
      al limonado brillo de la calle,
      sentados y bebiendo,
      alegres como barcos
      que estrenan meridianos en el mar.

      Saldremos a esperarla sin presagios;
      la veremos llegar
      dorada y suaveazul de otro hemisferio
      y con una cadencia
      rimada de pasion a su cintura.

      Te besará los hombros,
      enjoyará el encuentro con su azúcar
      y olvidarás los días de tristeza
      transcurridos en vano.

      Dejarás tu licor y correrás
      a abrazarla.
      ¿Qué os diréis, qué confidencias dulces
      desvelarán sus aguas?

      Os miraré volver
      cogidas de la mano
      como dos muchachitas en domingo.

      Y me darás su gozo
      y creeré sin miedo que me amas
      con la breve estación de su sonrisa.

martes, julio 22, 2008

XVII Poemas en Hermes (Revista nº 7)


Mi aportación para este número fue diversa....¡y abundante!
En primer lugar, la colaboración en el homenaje colectivo para Garcilaso.
Ahora, en la distancia, estos sonetos se acercan a los caballos azules de Franc Marc (1880-1916) y nada más apropiado que la voz de Amy Winehouse...
¡ Cómo se habría perdido Garcilaso de la Vega por ella!











      Tres sonetos para la figuración del amado

      I

      ¿Cómo sabré de amor si la distancia
      que hace horizonte el nombre de mi amado
      me empuja hacia el deseo trastornado
      de morir en su nombre y su arrogancia?

      ¿Cómo sabré de amor si la ignorancia
      del amor por mi nombre enamorado
      me duele en un amor invertebrado,
      inválido de amor y de constancia?

      ¿Cómo sabrá mi amor si no le digo
      mis palabras de amor y la ternura
      de mi amor convertida en un castigo?

      ¿Cómo sabrá mi amor si la dulzura
      del amor que me nombra y va conmigo
      sólo afruta el silencio, la amargura

      de una distancia oscura?
      Porque este acerbo fruto del dolor
      es el nombre imposible de mi amor.

      II

      Él es mi amor perfecto.Su mirada
      me da a beber del alba y me estremece,
      me aviva de la sed donde se mece
      el río de su luz, su voz callada.

      Él es mi amor perfecto. su mirada
      me cubre de humedad y me enternece
      cuando me alcanza el alba que carece
      del agua de su luz, clara y delgada.

      Y sólo con mirarme me imagino
      como amante perfecta que, a su lado,
      hechiza el agua y la transforma en vino

      y se lo da a beber de su costado,
      volviéndose cordura el desatino
      de alimentar el agua del amado.

      III

      La perfección de la pasión que siento
      es este nuevo mundo que inauguro
      al olvidar mi sangre y mi futuro
      y,ligera, viajar al pensamiento

      de mi pasión por él: todo mi aliento,
      todo mi lado agreste y más oscuro
      fertiliza un planeta que procuro
      acoja mi semilla desde el viento.

      Tan sólo una semilla apasionada
      que haga crecer los bosques, la tormenta
      y qu la lluvia ocupe su mirada.

      Tan sólo una semilla que se aventa
      perfecta, apasionada y endiosada
      con el fuego de amor, su lumbre lenta

      cuando mi amor consienta
      en conocer mi mundo aventurado
      y en cautivar su gozo enajenado.









      Tres sonetos para la presencia del amado

      I

      Tus ojos, que conocen lo que he sido,
      la batalla sin ti, la cruel victoria
      de una edad construida con la escoria
      de un corazón cansado,breve, herido.

      Tus ojos, que derraman el sentido
      de mi ebriedad en ti, como la euforia
      por contenerte en mí, como la gloria
      de otra victoria azul que me ha vencido.

      Tus ojos manteniendo mi mirada,
      indudables de mar donde naufraga
      mi azulidad de amor recuperada.

      Tus ojos sobre mí, mirada vaga
      de otra luz que no sea tu mirada,
      el vino azul más denso que me embriaga.

      II

      Tu voz me otorga el nombre que alimenta
      mi voz, mi risa, azules minerales
      que me alejan de signos de mortales
      ciénagas del dolor que desalienta.

      Tu voz me da la lluvia que sustenta
      territorios de amor donde animales
      azules como besos vegetales
      me regalan el agua que me inventa.

      Tu voz para mi boca, pronunciándome,
      otorgando un sonido articulado
      que azulea en tus labios rescatándome.

      Tu voz para mi nombre de azulado
      tesoro de tu voz enamorándome,
      descubriendo mi voz, tu nombre amado.

      III

      Sí, contigo, de azul que miente al día
      del color de la muerte, a la escarchada
      lividez del dolor cuando la helada
      ausencia de tu cuerpo me extravía.

      Sí, contigo, celeste mi alegría,
      mi cuerpo garzo a fuerza de esta amada
      tintura del amor, la fuerza alada
      del intenso color que antes me hería.

      Estoy contigo azul, estoy viajando
      al cristal de la noche que madura
      sobre tu dulce piel; estoy hallando

      contigo una canción sedosa, impura:
      tonalidad de llama que, arrasando
      mi cuerpo, me ilumina y procura

      la mañana futura.
      Contigo, con el aire y con el mar,
      contigo, azul, vistiéndonos de azar.

miércoles, julio 16, 2008

XVI Poemas en Hermes (Revista nº 6)









    Campo de amapolas





    Guardo en dos mil cajitas los anillos, las pócimas, los resentimientos y el azul que me asusta en las miradas.



    Guardo en un prisma blanco todo lo que adivino del recuerdo o de esa indiferencia que los saludos suelen ocultar con aplomo.



    Guardo la invalidez de un corazón cansado de distancias, igual que el poeta querido perdiendo su equipaje en la frontera, aprisa, y es que fuese a morir en otra parte.



    Estoy por escribirme todavía temblando y no me pertenezco aunque decir cuarenta sea decir cincuenta despedidas y gestos de una actriz más bien torpe a pesar de ser rubia.



    ¿Sabes lo que prefiero?



    Escapar de mi casa porque me gusta mucho, dejar allí los hornos de un amor de malicia, dejar allí las cosas más preciosas y cultas como libros, jazmines o como aniversarios de atesorar apenas compañías.



    Y correr por un campo de amapolas.



    Correr, correr en la llanura, abrirme al viento, abrirme los labios cuando cruzo esta roja carrera del deseo de mayo.



    Correr sin dirección. sólo un placer incauto del caballo en mi pecho.Sólo en este alocado modo de la alegría.



    Correr hacia la nada, correr con un asombro de ser, junto a animales muy veloces, un músculo, la sinrazón perfecta.



    No llegar tarde o pronto, casi bailar corriendo.



    Pisar las amapolas -debajo están los muertos-, levantarlas en vilo y levantar la sangre y levantar aquello que nunca se movía.



    Correr, no sentir nada, sentirme los pulmones, las culebras arterias, los últimos galopes de una inocencia impura.



    Aplastar amapolas y teñirme las plantas de los pies con su jugo, desnuda, abandonándome como el viejo poeta que cruzó la frontera o como aquel soldado de cita en Samarcanda.



    Y despues, encapuchar la pluma y cerrar el cuaderno hasta un nuevo pasaje. Tomar aliento, el canon de los días de escuela.



    ¡Cuánto polvo en las cajas, qué quebrados los prismas del recuerdo!



    Y me llevo en los brazos un olor a amapolas que sigue persistente aunque me haya vestido.







martes, julio 08, 2008

XV Poemas en Hermes (Revista nº 6)



      Tajo en enero

      Como no se parece a los violines
      de Vivaldi,

      como espumoso viene de crecida
      pisoteando troncos
      y cuerpos macerados en su cieno,

      como antender su idioma es convertirse
      en el lejano estruendo de un alud,

      y como no se espera
      al ligero sonido de las fuentes
      ni a la avidez de una garganta, agosto
      será más llevadero en sus orillas:

      quizá algo verde y entrechocar de copas
      si la noche conserva
      su negro adiós después de nombrar tanto
      calor, sopor humoso.

      Y como por debajo
      del bullicio alocado de su espuma
      otro ronquido grave se acrecienta
      triturando las costras animales

      que no cante canciones de las cosas
      que nunca volverán.

      Yo no le pediré
      la apaciguada ninfa silenciosa,
      el discurrir de un cisne de tristeza.

      Con dos palmadas espantaré a los peces
      que boquean aún,
      esos gordos y nauseabundos peces
      que silban a los muertos
      y los vuelven de espaldas
      para comerse huellas de un abrazo.



miércoles, julio 02, 2008

XIV Poemas en Hermes (Revista nº 5)








      Pájaro-Frida

      En los últimos días del verano
      le descubro en los ojos la edad de las iguanas.

      Cuando el verano dice que se da por vencido
      y en la plaza del Zócalo
      las vendedoras tiñen de naranja sus flores,
      yo amo a Diego Rivera.

      Yo amo a Diego Rivera
      porque hubiera querido ser ave migratoria,
      regresar al invierno
      con aires de viajera que conoció las islas.
      Él me recibiría complacido
      -y la casa arreglada- susurrándome:
      ¿No me vas a contar
      si bebiste del zumo de la pasión del cactus,
      si conociste el ansia del jaguar en tu lengua,
      si tan sólo una vez gritaste Diego?

      Yo lo miro y descubro la edad de las iguanas;
      en su mirada roja hay un tiempo viejísimo,
      un tiempo de serpientes voladoras
      cazando los deseos de la noche,
      mordiendo el corazón de los guerreros.

      Yo lo miro pequeña y desalada y pinto
      sobre mi cuerpo roto
      una raíz intacta de su gusto,
      un mínimo fragmento de muslo tembloroso
      y doy color a la cuevita breve
      por si viene cansado de besos verticales.

      Yo lo miro y comprendo
      que este dios tan antiguo
      no se perdió de amor, nunca fue humano.



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