sábado, abril 26, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XVIII







      Zorah en la terraza




      Si habláramos de sumisión
      los peces dorados, absortos
      en su planeta de cristal,
      volarían
      de puro metal si la luz
      los incitara a la conjura.

      A la sombra de un sol que aloca
      hasta la muerte siento
      una breve separación,
      como descanso en la miseria
      o replegarse el hambre.

      Y en ese rincón,
      que de tanto trasluz
      casi es remanso,
      la dignidad de lo pequeño
      -tú, mirándome reposada,
      tú, surgida de los umbrales
      del agua- no pierde ni un ápice
      de su oro.

      Ahí quiero quedarme
      incluso muda.

sábado, abril 19, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XVII




      Juego de bolas




      El día
      otorga la divinidad
      al momento más repentino.

      No añoro
      la infancia cuando alojo en ella
      lo que resta en mí de sagrado.

      La diosa
      absorta en su juego, invencible
      en lo insensato. Me pregunto

      si será el tiempo el adversario.

sábado, abril 12, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XVI





      Máscara japonesa




      He elegido el punzón sereno
      del ritual de la renuncia
      para mostrarte que mi sangre
      tiene más de oculta pantera
      que de sometimiento al modo
      de sonreírte imperturbable.

      Incluso así, dos o tres gotas
      son deliciosas en el té
      de la soledad,
      tú y yo.

sábado, abril 05, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XV




      Interior con niña




      Ella soy yo,

      ¡será insensata la plenitud matinal
      de los colores, de las frutas!

      En el silencio que concentra
      el espacio privado, deleite del viaje,
      como si el tiempo fuese ríos regresando
      o Henry James perdiera las tuercas,

      ella soy yo,
      tentada
      por el hule lustroso en la mesa, tentada
      por el agua de la jarra, por su cristal,

      provocada
      por los hierbas, los veroneses,
      el cándido algodón, canelas flavisuaves,
      lavandas, ultramar, corales, viridianos
      destellos, negros de Marte, sombras tostadas,
      tomates, pomelo, manzanas,
      calabaza…

      raptada en el papel…
      ¡Cuánta policromía
      me invita y no la escucho!
      Y ni siquiera estoy,
      ni siquiera descanso la mirada: soy
      el libro.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas