domingo, marzo 30, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XIV



      La habitación roja




      Extraña
      al pasaje del equinoccio
      en los almendros, a la curva
      de la mañana en las paredes,

      distanciada,
      arropada con el tejido
      denso del secreto de flores
      bajando para contener
      el frutero, la nitidez.

      Me pierdo en la forma
      de las ciruelas amarillas
      rodando en la mesa.

      (Un don encarnado ilumina
      internamente el equilibrio)

      Y soy yo,
      bisbiseando a los licores,
      repartiendo calma a las frutas,
      quien aleja voraces dientes
      de este día… nada
      se precipita al fin del gusto,
      nada abatido de las sillas
      de enea.

      Sentaos en la luz, les digo
      a los fantasmas.

sábado, marzo 22, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XIII









      Rayo de sol




      La culebra en el matorral
      despertando a los escondidos.
      No atiende a lágrimas del mármol
      o si cuelgan de algunas ramas
      muertos invisibles. Sisea,
      rumorea detrás del ibis
      que grita, sagrado, asombrándose
      de verse zancudo en el agua.

      Ahora
      toca vivir después de todo.

      La culebra
      se desliza entre la aflicción,
      entre las esmeraldas

domingo, marzo 16, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XII






      El sueño. 1940




      Ocho mil flores de la acacia
      de Srebrenica en julio
      recubren a quien duerme.

      Este miércoles se golpea
      en las contraventanas.

      Se cansa el día de montar
      una hiena de sangre
      y aún no ha acabado el festín
      de los hombres ratón…
      cualquier cosa menos el nombre
      de hombre para jadeos
      de gumías.

      Ella duerme velada
      por flores pequeñitas, tales
      como fragmentos de camisas,
      flores de vello o flores
      de la parte más blanca
      de los ojos.

      Hoy duermen todas las mujeres
      con ella, con blusas bordadas
      y cordoncillos donde prenden
      retratos no terrestres.

      Necesitan las flores
      que tapicen, que no se vea
      ni un testículo, ni una oreja.

      Necesitan dormir.

      Es tan joven la muerte cuando duerme.

viernes, marzo 07, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XI



      Interior en Collioure. 1905




      Naranja intenso, malva o verde
      en la calidez de la sombra,
      en el espacio que tamiza
      caleidoscopios.

      No se pierde el amor, más bien
      hay una lágrima que traza
      el veneno de la dulzura.

      No, no se pierde ni una gota
      del amor:

      telas de araña
      me recuerdan
      al Shannon de Los muertos de Joyce.

      Pero nada de la vasija
      del amor cae.

      La siesta de julio rodea
      mi cama y entra
      -como si Matisse conociese
      mis colores en la inflexión
      de la soledad- hasta abrirme
      entre sueños tu permanencia.

      Vas fluyendo en mí; lo demás,
      barcos que mece la fortuna,
      son dominios cruelmente ajenos.

domingo, marzo 02, 2008

Entra el viento de olor ciruela...X





      Bañista entre las cañas


      Que no me rocen hombros, dorsos
      de manos.

      Que no huela el sudor del hombre
      en la escalera.

      Que no me mire el detestable
      hombre avergonzando al mendigo,
      vociferando en el mercado.

      He deseado que me mimen
      los brazos hasta trastornarme
      la piel.

      He invitado a mi reino
      a aquellos que entienden los signos
      de la lentitud.

      He enseñado a las ranas
      para que diferencien reyes
      de entre los perfumados.

      Y he conseguido responder,
      escondida en los mimbres,
      a las crías
      del ave que sabe la sílaba
      de las rotaciones.

      Que me dejen con mi promesa
      cimbreándose.

      Que no me rocen,
      porque vuelvo del látigo,
      del dolor,
      de los gritos.

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    Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas