sábado, febrero 23, 2008

Entra el viento de olor ciruela...IX






      Los pájaros




      Las palomas de Matisse ignoran la madrugada.

      Pero otros pájaros afilados cruzan la puerta
      del puente, pasan rasantes por debajo del arco,
      sobre mi cabeza, me desafían a seguirlos
      en la cacería, en la revuelta, para esquivar
      a la zorra camuflada que luego será fuego
      desengañador.

      Es el momento de todas mis cuerdas afinándose,
      el intervalo de vuelo que separa carencias
      del súbito placer sólo por volar, solo viento
      animal, carnívoro con alas, viento en verano.

      Sí, es el momento de cautivar a las palomas.






    Música de Mozart Camargo Guarnieri
    Poema con mismo título que la pintura

sábado, febrero 16, 2008

Entra el viento de olor ciruela...VIII




        La ventana. 1905




        Quiero asomarme
        y que mis hombros se despejen
        de la tristeza.

        Entra el viento de olor ciruela
        agitador de los balandros,

        empuja la plata a los rielos
        y desanuda cuerdas para
        la tarde convertida en pulpo.

        Entra ese viento casi un hombre
        y por qué regala petunias
        y geranios cuando perfuma
        con sal,
        con escama,
        acaloradamente.

        Quiero
        que me vacíe, me despeje
        lóbulos, alise membranas
        mías, no me deje pensar.

        Es el momento de las telas
        coloreadas, el reflejo
        del incesante movimiento.

        Es el cristal de la ventana:
        doble tarde, doble esplendor,
        distante muerte.




Música: Ernesto Nazareth
El título de la pintura no lleva fecha,creo recordar, pero como Matisse nombró varias de sus pinturas del mismo modo, La ventana, he añadido el año en el que el autor fechó la obra que vemos.

jueves, febrero 14, 2008

Entra el viento de olor ciruela...VII







      La Danza. 1930-1933




      En la bacanal de los brazos
      hay un instinto que desdeña
      la habilidad de la pureza.

      Comienza una polifonía
      de ciervas listas para el salto;
      se fuerza la torsión
      de las cinturas, se levantan
      las piernas, se revela el sexo,
      la redondez, las pantorrillas,
      el sudor que deshaga
      las trenzas,
      que desmaquille los gemidos.

      Dadme, mujeres,
      dadme de ese bocado, dadme
      la música que hierve, el jugo
      del placer del instante: el héroe
      de la razón está perdido.

      Sólo mana una danza,
      sólo sed.


viernes, febrero 08, 2008

Entra el viento de olor ciruela...VI






      El silencio habitado de las casas




      Ha estado la mañana
      excitada con las ansias de los vencejos.

      El cielo era la parte oculta de una enorme
      concha: su molusco latía, tantos pájaros
      picando en la madreperla para una fiesta.

      Ha estado el árbol intentando parecerse
      a la nube
      o parecerse al ábrego que hurta cinabrio
      del bochorno,

      el árbol hablador
      cerca de la ventana,
      persiguiendo a las muchachas casi desnudas.

      Ese día mantuvo
      una tupida consistencia de cariño:

      aún puedo tocar sus paredes y verme
      sin rostro, verte a ti sin rostro, dos siluetas
      en la felicidad de algo que no se dicen
      pero está ahí, calmado
      y cómplice,

      dos figuras apenas precisadas dando
      un sentido a la sangre,
      un motivo para existir a la existencia,

      tú y yo, leyendo, o cualquier cosa…Susurramos
      bajito, me adivinas qué pienso, te observo,
      sonreímos… ¡me envidian
      los hijos de los pájaros!

viernes, febrero 01, 2008

Entra el viento de olor ciruela...V








La conversación




¿No te parece inútil esconderse de la muerte que acude, anaranjada y rosa, con la primavera?

¿Y si de un día para otro sobreviene, salvaje con sus flores, la enfermedad de los abandonados, y sube como hiedra a la ventana y nos despoja de nuestra promesa elefanta a largas pesadumbres?

Sí, estoy cansada de parecerme a la alegría de Keats, le respondí.

En ese momento cruzó mi brazo la ráfaga del martín pescador, esa fiereza que amo tanto.













(Música: Claro de luna. Debussy
El poema lleva el mismo título que la pintura de Matisse)

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas