sábado, junio 30, 2007

Poemas para Giovanna Garzoni II







Melón en un plato con uva y caracol




Hastío es el perfume dulce
cuando los labios humedecen
tu mejilla,
demasiado saboreada
esa fruta.

El tiempo babea sin pausa
y una gota de vino queda
agujereando la mesa
cuando se vuelve el ansia
pasto de moscas
de soledad,
zumbido.

Cuando, a quien se besa,
carne sin zumo de deseo
o nada.

lunes, junio 25, 2007

Poemas para Giovanna Garzoni I





















Para estos tres o cuatro poemas sueltos sobre la miniaturista del siglo XVII, Giovanna Garzoni, la voz de otra mujer, ¿por qué no Billie Holiday? La melancolía de sus temas me parece muy apropiada para las naturalezas muertas de la maravillosa Garzoni...Me gusta más la manera de nombrar ese tipo de pintura en inglés, Still life, Vida detenida... recuerdo el libro de Davenport, Objetos sobre una mesa. Desorden armonioso en arte y literatura, lo que me gustó...





Flor, mariposa e insecto



Qué pequeña tu casa.

Otras mujeres se interesan
por el nombre de su marido
y de sus hijas
y les dejan
un legado de incuestionables
costumbres
como una existencia o jardín
donde los dioses predilectos
cocinan.

No hables de tu leve farfalla
ni del polvo en los escalones,
ni de las intrusas que rayan
tu espejo, amarillea.

Qué interesa
de un pétalo y otro que caen,
del insecto
atraído por el aroma
de algo que muere
aunque tú sigas viva
y escondida.


jueves, junio 21, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 13

El último poema de Fantasmas y cálamos.

Una vez más, para despedir a la ligereza del bambú, a la punta de la pluma que escribe una palabra, la primera palabra de un mundo, para el huesecillo ligero, lleno de aire, apenas con peso,de un ave pequeña... Pat Metheny.












Arundinaria




Cálamos
como tallos que sostienen mis plumas
y me sonrío tanto cuando puedo
transformar mi pesadez en albatros.

Cálamos
alineados que esperan un bosque
donde las criaturas que tuvieron
su templo, su sacrificio y su olvido
me preguntan delgadas de perfil;
les digo que ese bosque será siempre
verdiazulado.
(Un pigmento con el que cubriría
fértil mi blanca soledad gozosa)

Cálamos con nudos,
muy poco chinos, Duino, voladores,
cada uno
con su amor imposible,
cada uno
con una savia tenue
y escondida en la apariencia leñosa
de su cimbreo.

Cuando vaya a morir floreceré,
entre tanto los afilo y a veces
un puntiagudo punto es mi adversario
y tres gotas de mi sangre se vierten
sobre el papel: una que va a tus cejas,
otra por si te pierdo o te equivoco

y, la tercera,

mi corazón que por costumbre suele
dedicarse
al hombre
más verdiazulado.

Cuánto han crecido las niñas que tienen
en sus manos las copas del veneno.

Florecerán.

Luego el viento las llevará sin pánico
y silbará en sus huesos una antigua
promesa.

Cuando vaya a morir floreceré.

En una isla mi raíz aguarda
a emerger de una diosa que sonríe
insensata.
Elegirá las plumas
por que el olvido pueda rescatarme.

Y, Duino,
tú estarás para verlo.



lunes, junio 18, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 12

















Saltamontes









La inmediatez
de un instante que mi sonrisa
atrapa es eterna.

Se trata de eludir un dardo
emponzoñado,
ignorar que mañana pueda
apoderarse de mi gesto.

Alguien diría
que la puerilidad me alcanza
con el súbito rayo cálido
de sol,
que me asusto por nada y quiero
que la muerte pase de largo
por la plazuela de la Virgen
de Gracia,

sin embargo,
si permanezco suspendida
sobre una preciosa intención
de la guitarra de Pat Metheny,
me vuelvo invulnerable,
fina en el salto,
temible para las menudas
amapolas de la tristeza.

Soy eterna en este momento,
me río igual que la luthier
canadiense que ha acariciado
la guitarra barítona.

Soy eterna
porque este momento no fue
nombrado nunca...

Y me sostengo de una cuerda,
fugaz centro de sol,
breve motivo.

domingo, junio 17, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 11







En el jardín









Una dama que pasea cuidando
que sus pies no se mojen
y levanta con elegancia
su cabeza por observar
el paso de las aves hacia el Sur.

Lee los signos,
oye a lo lejos el estruendo
de la tormenta como una invasión
que hubiese ido ganando poco
a poco su dominio de calmada
clausura.

Susurra: lloverá muy pronto,
y volverán a agitarse sus labios
con el temblor de una palabra
que no es suya, que ha madurado
donde el agua prefiere
amar el rostro que ella presentía.

Ahora la vemos disimulando
el nerviosismo,
lee las señales en el aire húmedo
y susurra: sé que vendrá.

Camina despacio, nada parece
acecharla
pero su soledad
se prepara para la bienvenida.






miércoles, junio 13, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 10






Glicinas



















Es la primera vez que abren sus ojos
a la canción que, cuanto más se entona,
más requiere la garganta vacía
de la vieja canción.

Abren sus ojos, toman la mañana
sin el artificio que la memoria
suele edificar en la comisura
de los párpados.

Más azules que el recuerdo añorado
desde el desierto de los labios tristes
abren sus ojos
a la música que no encuentra indicios
de otra canción en ruinas,

y como si nunca hubiesen existido
-mayo con sus abejas seducidas
por el confitado y garzo latido
de la flor-
una intacta melodía brisea
en la invención del mundo
y una palabra que antes no me dije
me aclara el paladar con el olvido.

Y en este asombro de canción que escucho
un tesoro que nada rememora
abre sus ojos y abre para mí
mi propia floración,
mi única nueva vida.

domingo, junio 10, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 9








Peces

















Se asemejan
a la ligereza
del aroma de la vara de incienso,
patinan bajo el agua
y no pesan
y juegan.

Rodearon mi cuerpo
cuando caí al fondo del dolor;
me miraron desnuda, golpeada
por días de lo amargo,
rodearon mi cuerpo con su brillo
y me prestaron
sus escamas.

Les agradezco ahora
que se comieran el libro del miedo,
que me hicieran flotar
mientras mordisqueaban mi cintura
y me despertaran de la atracción
del lodo,
me volvieran el rostro boca arriba
y viese las estrellas como peces
mirándome.

Y no me prometieron
sino el aire,
unas veces acerbo,
otras dorado.

Se acercan a la orilla
livianos, portadores
de un cristal muy grácil y luminoso.

Baño mi mano próxima
a ellos,
a modo de saludo,
y vienen a mis dedos...
        Me recuerdan
que aún les debo el don de su silencio.

jueves, junio 07, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 8


Insectos en las flores












Ensimismarse en la canícula,
dejar que el pensamiento apague
su mecha, y muy quietos los brazos,
muy quieto en esa curvatura
el labio agrietado de ausencia.

Se olfatea lo que traslada
una morada nube, el borde
del planeta rodante sobre
los muertos, los vidrios, los muertos.

Y es un lujo volver la vista
al lento arbusto apaciguado
o a punto de morir.

Un zumbido señala el exquí-
sito sexo del ángel mudo
y vegetal...
Mas el planeta
ha modelado con sus manos
un imperceptible peligro.

Cuando las dos moscas retoman
el terciopelo fucsia, inmóvil,
el salto de una mantis caza
algo tan leve como una sílaba,

y rompe la tormenta y rompe
su estallido

y parpadeo

y llueve.

martes, junio 05, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 7




Fresas en un cestillo


Procuro probar un bocado
para cerciorarme
que mi corazón agridulce
aún está vivo
y acepta
leves porciones
de vertiginosos momentos
o ser una diosa que elige.

Pero la pulpa que quisiera
verter en mi garganta-jugo
rojo animal, costoso jugo-,
la carne
del corazón que me captura
ignorando su pulso
crece en el pecho escapadizo
de mi alcance
y descubro
que es mi sagrado corazón
en ese ajeno pecho
quien me llama.

Ser diosa no es bastante,
ni la elección,
ni el agasajo ubérrimo
de pequeños amores suaves
entre los dientes con su grano
ardoroso.

Ser diosa no es bastante
sin recobrar
mi corazón
que empuja un rojo desatino
en otras vértebras.

Sin recobrar mi corazón
que gusta
de residir distante
con su robada vida.

domingo, junio 03, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 6


Cenador entre los árboles




Nuestra conversación adquiere
una consistencia
de secreto sin bisel de humo.

Aunque vestidos con las ropas
acomodadas a expresiones
del desapego
a qué acaecerá,

altos pinos que nos rodean
saben
que oculta en la palabra crece
una lumbre
de querer hablar de otro modo,
del insistir hasta el silencio
incendiado.

Continuemos observando
este detalle del sosiego,
esta bella y elaborada forma
de la herida;

retardemos lo que susurran
las viejas copas de los pinos,
hablemos del estar
a cubierto
aunque, a punto de desbocar
la hoguera,
nada nos parezca importante
salvo el rumor
de las ropas que caigan
calcinadas...

Hablemos de los árboles
para que callen ellos.

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