jueves, mayo 31, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 5








La barca


Para el día siguiente de las vírgenes
de agosto,
como si nada hubiera sucedido
en el desierto, en la brea de asfalto,
mi cálamo dibuja
su lentitud de río antes de lluvias
que recobren el furor de fluir,
y me balanceo en esta posada
vestidura estival;
apenas la intención de un movimiento
me lleva,
una atenuante
caligrafía de agua se sucede
y ni la rana ni el abejaruco
-llamarada turquesa
velocísima-
se molestan
en aquietar su absorto griterío.

Como si nada hubiera sucedido,
como si se durmiera mi barquero
y la muerte callara en la calina,
y tuviera la muerte
una rara pereza
y no moviera
un dedo
y no se estremeciera.

lunes, mayo 28, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 4


Tomando té




No te preguntes por el gesto
que recoja un adivinarse
en el siguiente paladeo
o que el tiempo vaya subiendo
con su sombra.
Ahora escucha al río,
sigue en su refugio calmado,
mueve tus dedos con las plumas
de un ave femenina, clara
en la caricia de la taza,
y bebe sin pensar qué lucha,
qué guerreros desde el futuro
o qué sonidos rasgarían sedas
de la tarde.
Sólo contempla,
mientras te deleitas,
cómo se desliza el atuendo
de los árboles que aman
tu casa,
oye murmurar a los peces
cuánta fugacidad,
oye a tu soledad sentarse
muy cerca
y ofrécele otra taza.

Bebed juntas, calladas,
porque el tiempo no existe.

sábado, mayo 26, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 3




Serpiente




Erguida, aunque frágil,
viene de juncos solitarios
o viene de la ligereza
de su camisa sin recuerdo.

Si se ha curvado en una duna
la ondulación refiere muertes,
¿Y de dónde aparecen luego
oscuros pájaros?

Si en el agua compone músicas
de sinuoso nido,
¿cómo podrás apresarla, cómo
esquivarás su ojo
que reconoce en tu cautela
la juntura para llegar
a tu corazón y morderlo?

Aunque frágil, yergue
su cabeza,
te hace frente.
Cuida
tu blandor.

Es una diosa, no te acerques,
es la hija
de aquel gemido apasionado
del día
y
de la noche.

Cuando no eras ni azar, ni apuesta,
ni guijarro cálido,
ni perfume de otorgador
momento de gozos,
ella conocía tu piel,
porción de aire con tu rosado
signo,
y lo escribía en su retiro
amado sobre tierra amada.

jueves, mayo 24, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 2




Frutas e insectos




Cómo asombrar a Man Ray
en el tesón de las avispas
habitadoras de duraznos.

El verano tiene su propia
textura melancólica.

Y resulta imposible
resumir
que la realidad deslumbre
con su áurea piedra.

La adoración de la mañana,
una brisa fácil murmura,
finos saludos en la calle
y el sol,
un equilibrio.

Aunque algo en el fruto amarillo,
partícula en el picoteo
de la avispa; algo leve
y enorme,
un pez volador de esta tierra
adentro, allí, alto y en círculos
acecha.

Se aflechará hacia el pueblo,
hacia la calle saludada,
a la precisión del jardín,
al ápice poroso
del durazno,
al negro ocelo de la avispa,
a tu curiosa boca,
a tu ansiosa pupila.

martes, mayo 22, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 1


Esta segunda parte de FANTASMAS Y CÁLAMOS, tan diferente de la anterior, lleva como referencia, o como pretexto, o como mirada, distintas obras de pintura china en distintos períodos artísticos. Autores con nombre imposible que, deslizándose en su pincel, muestran un cierto acuerdo con el mundo, una sutil elegancia y una complacencia inteligente para el entorno natural.


En cuanto a la música, piezas del país de Catay alternándose con mis preferidas de Pat Metheny







Montes azules




El anochecer entra en la casa
de los besos de los manzanos.

Ya no insiste el calor,
su garra dorada retrae
el arañazo en la retina.

Tan lejanos y cerca,
disponen su antigua cintura
para tenderse sobre el lecho
de la oscuridad.

Una joven de dieciséis
años, miradla, está encendiéndose
con una piel frutal; es ese
muchacho
de ojos de monte azul
que al abrazarla estrena limpios
yacimientos.

Elevaciones cada vez
más sabias y cansadas
guardan en su reposo frutos
que no ha de herir el tiempo
con su filo.


lunes, mayo 21, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa y 10.




Éste es el último poema de la primera parte de FANTASMAS Y CÁLAMOS.






X


Duino, dulce muchacho,
mi corazón es un lacio diamante
que no te otorgaré,
última gracia del jardín
en llamas,
cuando un día de agosto del setenta
y nueve,
las ciruelas enmudecieran
y los mirtos de la joven esposa
fuesen escarnecidos
hasta secar sus huesos diminutos.

Soy un fantasma interrogando
en un fervor de piedra pómez
que tapizaba los misterios
de este asolado mundo y, sin embargo,
espléndido en su seno.

No te daré mi corazón
cansado de tenerse sin caricia.

Al fin de mi viaje
la tarde resplandece desprovista
de otro sentido que no sea
luz.

El amorcillo me devuelve
las preguntas.
Sostiene el apropiado espejo
de quien se reconoce tras la muerte.
Acaso me sonríe o me saca
la lengua
porque su burla muestra la desdicha
de mi precario rostro
tras de morir amando
y no quería
prescindir de morir.

Me miro
en esa dama sosegada, piensa,
quizá,
que la pasión arrasa cuanto toca...
Oh, súbita erupción de un dios
infame:
un momento en su pecho ha rebosado,
fiera incisa un momento,
luego nada.

Al término, el viaje,
que fantasmal vagaba por Pompeya,
me descubre
la negación que, insisto, te regalo.

Llego al jardín a solas, tomo
el cuerpo que dejé como si el vuelo
fuera impune y volver situara
cada muerte en su impronta.

Regreso a mi jardín
donde el amor que floreció florece.

Soy una dama, Duino,
con un único amor después de muerta.

Amor que me ha esperado,
a quien espero en los rosales,
vieja mano adorada
en mi mejilla.

Al fin de mi viaje es el comienzo.


sábado, mayo 19, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 9.





IX


Me golpeaba tanto
con el amor...

El mapa de mi espalda guarda
ríos que me bañaron con su escarcha
deshaciéndose a un sol de primavera.

Era la intensidad
de un amoroso dolor que me hacía
fragilísima
o me transformaba en redondeadas
montañas sin incertidumbre,
o una llanura donde la cometa
de una mano bailaba sin cesar
y yo crecía en junco,
en árbol,
en alado caballo para
dar alcance a esos dedos
que despertaron a mi piel
de sus niños.

Yo me movía con la ligereza
de la mujer que aún no tiene
secretos
sino el ansia
que la desmesura convertía
en pájaros que nunca hubieron
de morir.

Me golpeaba tanto
con el amor
que el tintineo de los crótalos,
cuando levantaba los brazos,
era mi desafío a la nocturna
palidez de un mundo carente
de mis muslos.

Me golpeaba
una
y
otra vez
para que el amor me besara
las laceraciones,
para que en los cambios de tiempo
las cicatrices me picaran
y no olvidase nunca
cómo mi espalda amaba tanto daño.

Me golpeaba,
me abandonaba a un paisaje de sangre
y de deseo.

Una celebración de mis heridas
que nadie supo,
sólo el amor sangrando por mi espalda.

viernes, mayo 18, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 8.




VIII


Tal vez un ángel me descubra
y me regale la ignorancia,
el fantasma que fui
entre las rojas rosas
de las piedras.

Que me permita retornar
a mi paseo cándido,
al silencio que ni siquiera
es muerte
sino bella desolación,
una tarde perfecta
y sin peligro.

Pero
me ve de carne advenediza.

Yo podría decirle
que he conocido el miedo
y su trofeo.

miércoles, mayo 16, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 7.






VII


Los amos intocables
del territorio que recorre
la lechuza
-oye el temblor en las pestañas
del ratón y la noche
dibuja en las cenizas
de los sacrificios mi sueño
intranquilo-,

los amos de erizado vello,
con pupilas felinas
y olfato más que lobos,
mojan sus uñas en el cuenco
del kikeon
y humedecen mis labios sólo
enseñados con tu saliva,
Duino;
quieren que beba, quieren
que lo mire.

Cómo negarme a ver
el pie sin su sandalia
descuidada,
sus rodillas abiertas, torso
que si lo toco me hundiré,
axilas comedoras,
me hundiré si las toco,
extraño cristo en el regazo
de la madre,
gesto del que posee
y otorga y enajena,
definitivo hueco;
me hundiré si lo toco
y lo miro
y lo quiero tocar.

Duino,
distrae mi mirada
con la placidez
de tus estrellas sensitivas,
dos o tres estrellas mudadas
en agua,
cometas de tu sexo
no irascible que, como el agua,
va subiendo y bañándome,
aquietándome.

Si lo miro
cómo regresaré
de su hendidura.

lunes, mayo 14, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 6.





VI


No soy la aparición indolente
que, encaprichada de la luz,
vaga por las vacías estancias
de la Villa
y se detiene
ante el idioma de un relato
que narra a nadie, que ilumina
a nadie, que reside en nadie,
hallado a solas, de otro planeta
escombros.

Tú delimitas el contorno
donde veo mi rostro,
tú me sujetas con tu voz,
me dices: quédate,
me dices: no ames de impaciencia
lo que temes.

Ya no reconozco la culpa,
no me giro agraciada de aire
inofensivo;
respiro un aire que se opone
a una manutención
de marcas y cautelas,
respiro apenas aire blando
como el tuyo.

Y el viento no me invita
a las rosas,
un viento agitador del manto
que me cubre,
una mujer de viento
que adivina.

domingo, mayo 13, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 5.




V


Me desvía de ti
esta música de los campos
del verano y las uvas
próximas al delirio,

música en la premonición
de mi nombre que nadie sabe,
tierra de música,
granada espiga venenosa
que me roba
de nuestro sosegado juego.

Canción de larga lengua:
en mis encías hiende
la embocadura de la leche
de las cabras.

Me adivina moverme
deshonesta
y ácida
y baila mi vientre hasta el pozo
de la embriaguez del liquen,
y baila cada parte mía
exageradamente yéndome
al olvido.

Comprendo ahora que no existe
la muerte,

que si camino por la casa
de las abejas y las lombrices,
y en mis pies desnudos se alojan
los sabios animales del duelo
por la vida,
una muerte mortal no existe

aunque yo me despida, Duino,
y de fantasma de Pompeya
crezca hacia la boca
desesperadamente lejos,

aunque llegue la muerte
mañana
con su lápida
de lava
y no te deje entrar
y yo me aleje.

Ah, canción de tierra,
siringa o sinrazón o el cuello
que doy por alimento,
instrumento procaz,
cítara de la tierra.

viernes, mayo 11, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 4.




















IV


Mañana, a la una y media de la tarde,
la aguja del reloj de piedra
se clavará en la suavidad
de un leve girasol aún
gentil.

¿Qué importa si mañana nunca
será, entre el estiércol,
aguamarina acribillada a gritos?

¿Qué sucede mañana, me sonríes,
que no haya penetrado ya en ocasos?

Quisiera retardarme, deslizarme
por la columna que separa
vivir como una sombra de mi carne
a punto del bocado
del ángulo de un templo
que sólo ve quien se calcina
y muere.

Quisiera estar en las cocinas,
quedarme con el rasgo
del cuchillo que abre la pulpa
del pescado y revela
las huevas deliciosas...

Tentar el especiado vino
que me aletarga bajo el arrullo
de no pensar después de sus placeres.

Obstinarme con la postura
de las frutas,
insistir en la redondez
de un tempo vegetal,
cierto, tranquilo, ensimismándose...

No me permitas preguntarte
qué acaece mañana tras el fuego.




jueves, mayo 10, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 3.


III




El dios desnudo lee
mi nombre.
Duino, me asusta su estatura
infantil.

Este olor a mar de mis brazos,
esta invisibilidad lenta,
una tonsura del deseo
en mi pelo sin peso;
este desvestirse aunque cubras
mi cintura, aunque me retengas
en la petición de tus ojos
abiertos atándome, atándome.

Algo, en el instante
de la alegría del olvido,
separa nuestros cuerpos.

Yo me confundo con la espera
de la desnudez.

Levanta lienzos la actitud
reposada
de la sacerdotisa.

¿Qué secreta fragilidad
velan?

¿Qué resistencia en mí descubren
para que ya no escape
del amoroso golpe
que tus palabras y las mías
retrasaban e hinchaban
de jadeo?

A mi lado se yergue
la criatura
con su enorme sexo de bosque
hambriento, umbrío
como temible lanza
prohibida para niñas.

Y tanto huelo a mar
que ya no me defiendo
de esa herida.

martes, mayo 08, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 2.




II




Esparce joyas cenicientas
la muerte
desde entonces.

Pero en el candor de la luz
ondula la propiedad blanca
de un presentimiento.

Duino,
tú te sostienes sobre el día
de mi rubia consagración
a ti,
tarareas
la cadencia que desconoces,
muy acariciante en mi nuca,
casi tímida.

Pero aunque me vuelva a besarte
permanezco en el rojo tan
silencioso como los frescos
de este comedor;
te invito
a la ramita de laurel,
te miro sin ceniza.
Besas
a esa otra que paladea
muerte.




Aclaración: Los Frescos van correlativos. Es decir, el orden de las imágenes que iré mostrando es el mismo que aparece en la Sala de la Villa de los Misterios.

lunes, mayo 07, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 1.




Fantasmas en la Villa,la primera parte del libro, comienza con estas dos citas:


Un culto a la vida preparó, bajo los signos de la "visión" y de la "miel", el terreno para la religión dionisiaca.

Del libro DIONISOS. Raíz de la vida indestructible.
Karl Kerényi



Se podían escuchar los alaridos de las mujeres, el llanto de los infantes y los gritos de los hombres; algunos llamaban a sus padres, otros a sus hijos o esposas, tratando de reconocerles por sus voces. La gente se lamentaba a todo pulmón por su propia desventura o de la de sus familiares, y habían aquellos que rezaban pidiendo la muerte dentro de su terror de morir. Muchos buscaron la ayuda de los dioses, pero aún más imaginaban que no existían ya dioses y que el universo caía en picado para sumirse en una oscuridad eterna hasta el fin de los tiempos.

De la carta escrita por Plinio El Joven a su amigo Cornelius Tacitus, algunos años después de lo ocurrido en aquel 24 de Agosto del año 79 d.C.





Las imágenes que aparecen y aparecerán son fragmentos de los frescos de la Villa de los Misterios.

Los poemas van señalados con números romanos .



I





Cuando calma el atardecer
su mano en mi mejilla
y hay un instante
donde se paraliza el bucle
del sonido

viene de la bahía un viento
que me ama
y reposa si me entreabre
los labios
y mi lengua recoge
sus dos granos de sal.

Hay un instante
sin ser intrusa, sin moverme,
sin molestar el diapasón
de un tiempo que no es mío.

Hay un tener mi cuerpo
transparente
y curioso.

Vuelven los peces del estanque
del huerto a murmurar
y la tarde agita su palma
vieja,
tan vieja en los rosales.

domingo, mayo 06, 2007

FANTASMAS Y CÁLAMOS






Un nuevo libro, FANTASMAS Y CÁLAMOS. En realidad son dos libros unidos por el deseo de escribir: Fantasmas en la Villa y Cálamos chinos. Hay ciertos nexos de unión escondidos....Las personas que están detrás ya se han alejado pero quedan los poemas, su rastro.

En el blog anterior puse alguno de los poemas de la segunda parte, la de los Cálamos, pero ahora será íntegro.

Intentaré que la música que los acompañe sea tranquila, sólo un sutil fondo para el amor perdido en Pompeya.

sábado, mayo 05, 2007

Sex. Sen XVII







Termino como comencé, con dos dibujos del libro, de Jesús García recién recasadito, y con Vivaldi (no puedo evitarlo) y otra de sus maravillosas arias, esta vez de la ópera Griselda





Agitata da due venti. Vivaldi
Intérprete:Emma Kirkby



Estratos


En la dificultad
de una indócil materia que rechaza
desvelarse
valientemente ahondas
y te encuentras
pueblos abandonados
desde que fuiste infiel a la pureza,
campos
donde antaño pastaban
rebaños escogidos, reservados
a príncipes.

Ahondas
y te encuentras
desoladoras piedras de silencio
y corrientes que lamen
las manos de caliza de un amante.

Entrando
como a un vientre materno, como a un núcleo
anterior
al paladar, a la retina, al nervio
que viaja en los aromas,
a una música extraña en las iglesias,
a porosas sustancias...

Y, de pronto,
interior,
protegido,
reservado,
inicial,
nace el sexto sentido que te empuja
a salir
mejor que una crisálida,
que te empuja
a salir
disculpando no ser la tierra, el cuerpo
que se entrega
al olvido:


tu imperfección que escribe de inclementes
estaciones,
tu hermosa imperfección que se inaugura
en el brote
de un antiguo planeta enamorado.


viernes, mayo 04, 2007

Sex. Sen XVI


Penúltimo poema... Está dedicado a todas las africanas que conozco, incluidas algunas rubias ( y también pelirrojas y con pelo rizado, como todas las verdaderas habitantes de Avalon), muy inteligentes, de por aquí, del chat, esa cosa rara pero real...





Femmes d´Afrique
Nayanka Bell, Tshala Muana y Djanka Diabaté




Fruta en sazón


A tiempo para estar junto a las sabias
hechiceras
que distinguen
tegumentos tranquilos
creciendo, dilatándose,
cubriendo mi semilla.

A tiempo,
desde el cambio
de una temperatura que propicia
la desorientación
de los sentidos,
sabores luminosos
de no decir que no cuando se acercan
las serpientes.

Temperatura
del agua destilando
sed, más sed
porque el amor al fin se queda eterno,
secreto a la manera
de intocables
gestos de una invisible
persecución.

A tiempo,
con las madres
peinándose las lunas,
sosteniendo
las infieles caderas de sus hombres,
los arriesgados rostros
de sus hijas
en ansiosas miradas,
en manos atrevidas.

A tiempo,
viva, viva,
luego que se volara
la flor tras los primeros abandonos,
que se volara el agua
tan fácil de apagar.

Ahora,
completa de un amor
definitivo,
a tiempo en el pecado,
en el ofrecimiento
de la rama doblándose a los labios,
yo misma ese pecado,
hecha pulpa y sabor, hecha de carne.

jueves, mayo 03, 2007

Sex. Sen XV


Quizá éste es mi poema preferido del libro... Déjame que te siga contando, así te tocaré. El caracol de Klee lleva una rosa y vuelvo a Pat Metheny en uno de sus discos que más me gustan.





Minuano (Six eight)
Pat Metheny group







Vista de pájaro


Qué poco miedo a los paisajes púrpura
donde el trueno
y un diapasón colérico se invisten
como oscuros señores sanguinarios.

Alta, pero no mucho,
lo justo para dar una noticia
de la niebla que sube de las norias
a los balcones,
los arbotantes de la catedral,
el musgo que ajardina los tejados.

Alta, pero no mucho,
segura en la emoción de las moreras,
levemente festiva
en el irregular
dibujo de las calles,
saludando,
asistiendo
al despertar de los preocupados
y al parpadeo rojo
de la nube de lluvia,
allí,
al Oeste.

Sobrevuelo
las burbujas que escapan
desde las chimeneas
con un amante convertido en mirra
y un lecho de mujer que, en duermevela,
memoriza los rasgos
de sus hijos.

¿Cómo sé tantas cosas?
¿Cómo las amo tanto
cuando diciembre llega arrebatando
muselinas
y ya no alcanzo el rastro tunecino
de las casas del Sur?

¿Cómo no me dan miedo
los gatos casi linces
de esta ciudad, los niños que persiguen
mi vuelo,
mi costumbre en pescar por las mañanas?

Alta, riente, viendo repetirse
los paraguas, los besos,
los trabajos,
alguien solo,
alguien con pensamientos indecisos,
alguien que se delata por sus lágrimas.

Que me perdone el trueno
si esto me hace feliz:

alta, pero no mucho,
respetando la púrpura colérica
de un frente frío,
yendo
a posarme
en la veleta
y en la exclamación
que un ave grita
para iniciar un mundo.

martes, mayo 01, 2007

Sex. Sen XIV








Valse des crayons
P.Caratini



Durante toda la noche


Ropa tendida
bajo la lluvia:
cuando escampe, se atiesará obstinada
como cartón de niño, de disfraz
de reina de las nieves.

Una lluvia menuda
que esponja la textura
del algodón, las sábanas, banderas
de una isla rubia
donde sus habitantes acostumbran
a soñar en secreto
con vegetales ángeles de carne.
Una lluvia que ocupa canastillas
y se imagina
madres de un tiempo ajeno a los rencores.

Toda la noche empapa los tejidos
del calcetín urgente
igual que un lunes,
de la ropa interior de una princesa
frecuentada
por la gente pequeña de los bosques.

Pañuelos con adioses, con ardientes
partículas de fiebre
y de delirio,
felpa de una cocina literaria
al modo de un conjuro
en los asados
de la fiesta.

Esta lluvia desea
el trazo
que doma el pelo de los escolares,
que afina el vértice
de un lacrimal
o la gota
que señala el almizcle
en esa huertecita de los cuellos.

Ropa tendida,
bajo la lluvia
ropa habitada
que tardará en secar
pero habrá sido
más amada que a un rey,
más apreciada aún que a las sirenas.

En ella se resumen
los cinco océanos
y la primera vida de la Atlántida.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas