lunes, abril 30, 2007

Sex. Sen XIII





Eté Indien,Prima Iubire
Roberto de Brasov





Habitantes


Para la soledad
de la tarde
demasiado agraviada
de recuerdos,
hay ventanas abiertas, edificios pasivos
que reflejan sonidos,
golpes de puertas, gatos
irascibles
arañando en el polvo desde las escaleras
de madera.
Hay ventanas abiertas después de algún incendio,
después de una mudanza
que abandona
tendederos de ropa, triturados cristales
y, en tal desatención,
el viento penetrando,
aplastando las últimas presencias.

Pero no todo pierde
su abrigo aliento y quiebra
de abdicación sus muros.
No todo se resigna
a estar vacío, a desmoronarse en la desola-
ción del abatimiento.

Para la soledad
de la tarde
no del todo arrasada
o fantasmal o calles
de Pompeya,
hay ventanas,
ventanas con palomas
que anidan en los huecos
de las habitaciones orientadas a ruinas;
hay palomas mintiendo
por un ir y venir, por un entrar, salir
y estarse quietas
atusando sus plumas
en los alféizares.

Tú las oyes hablar:
son las sacerdotisas que alimentan el fuego
del barrio, que repiten
los secretos vulgares
de la aflicción.
Vecinas que reparten
cotidianas costumbres
desde el abrir, cerrarse de las puertas al aire
que molesta a los gatos,
que esconde una alegría
de polvo pequeñísima.

Palomas
de la ciudad no muerta del todo, no vencida
en la comodidad
de la ceniza.

Para la soledad
de la tarde que engaña,
que aparenta
una ciudad museo, una grata reliquia
de la muerte, palomas
que no saben callarse, que se cuentan tu amor
como esa cosa viva
de la muerte,
como esa vieja cosa salvando a las ciudades
de la muerte.

domingo, abril 29, 2007

Sex. Sen XII





Music from the towers of the Moon
Balanescu Quartet





Comarca cercana


Incluso así, sin árboles
sin herbazales tibios
donde un perdón divino demuestre su largueza,
fertilizando surcos,
humedeciendo el lomo
de los rebaños.

Incluso así me gusto,
curtida en el otoño del rastrojo quemado
que ahoga los gemidos
de los topillos.

Cuando la niebla cubre
mi piel y aventurarse
entre dos luces
es impresión de exilio, de pueblos que se asientan
en las uñas del alba
saqueados por sombras,

cuando el día recorre
mi planicie
rodando como espino
del erial,
y no existe un refugio,
un gesto de respuesta de cariño al descanso,

qué largos son mis ojos,
qué carne agradecida mi carne de aguaceros
de noviembre, mi carne
acostumbrada
al silbido frugal
de las perdices,
a la ruda palmada que levanta las tórtolas,
al río que desborda
su caja si, con marzo,
vienen las torrenteras
desde el Norte.

Me gusto en la mirada que no encuentra un obstáculo
para ser longitud
sobre el barbecho, lindes
prediciendo el cantueso,
confines de las escarcha y , a la vez, meditando
el amarillo. El cielo
se prolonga en los mimos
del almendro
y al horizonte oliva
del aceite.

Me gusto
de tal modo, tumbada,
lecho del alacrán
resucitando presas, lecho solar, paciente,
verdadero.

Amplitud de mi ser
que en nada sobra,
que nunca desperdicia, que no duerme gandul
porque me ofrezco a un viento
sin halagos,
porque lo que regalo
es un arduo presente de mí misma.

viernes, abril 27, 2007

Sex. Sen XI



El poema que sigue a continuación, otro más del libro Sexto Sentido, está dedicado al poeta Jesús P., al poeta y amigo y cómplice en la mirada de la escritura. El Caballero Blanco de Alicia. Y la música que acompaña es la que escuchábamos como fondo de presentación en el programa Tertulia de letras...desde allí surgió todo. Hace tiempo...pero el tiempo suele burlarnos con su distancia.







Vivaldi
Carol Nethen




La mano del Caballero Blanco


Los cinco continentes
con árboles autóctonos y cielos
dedicados.

Si nunca te acaricia,
si, al hablar, sus palabras son sus dedos
y una suerte de tacto no previsto
cercano te conoce,
te intercambia la piel con superficies
donde rueda callar porque quisieras
humedecer sus largos
dedos para ablandarlos
en tu asentir,
tú te desgranarías
como la vibración de una guitarra,
como el país del Norte en los pianos,
como el voluptuoso
lenguaje del sitar.

Cuando él habla y accede
a tu mirada y correspondes siendo
algo que no diréis,
sin risa pero alegre,
sin desvelarse,
algo más parecido
a la perpetuidad
del silencio amoroso,
sobre su mano hay pájaros,
hogueras lejanas del día de Año
Nuevo, relatos encantados, música
barroca y una intensa
suavidad que desea
árboles elegidos que den sombra
a la tierra común de las palabras:
continentes que piensas en sus dedos,
lugares del olvido
que el tacto posesiona y eterniza.

Tierra que no diréis,
amados cielos vuestros.

miércoles, abril 25, 2007

Sex. Sen X







A horse with no name
America


Este viejo tema del viejo disco del grupo de Bunnell, Beckley y Peek me es especialmente cercano e íntimo, por ello, y aunque no sea el fondo apropiado para el poema, lo he puesto, sin más. Las razones se vuelven transparentes y casi desaparecen.





El regreso de los compañeros


Cuando llegan las grullas
y anida el petirrojo, más humana, más dócil
con el brezo y el frío,
secando vanidosos antifaces, carmines.

Como una enamorada
que no se detuviera
en las sospechas
y sin miedo,
sinceramente incauta,
revelara al amado su fortaleza débil.

Alegre, alada, atenta
al cambio de noviembre:

fluvial, fecunda, fácil
para ser repoblada por esos compañeros
que saben del amor
mejor que los museos
de relojes...

Te aligeran con plumas que burlan a la escarcha,
te animan con la vuelta
de por qué está la vida
si no se multiplica el ansia que a los fósiles
detesta,
que te hace innumerable
por los brazos.

Cuando llegan las grullas
y anida el petirrojo
y una canción te ocupa
quizá desde el peligro y, sin embargo, grácil
en tus ojos,
alcotanes que acechan, depredadores hábiles
se transforman en cartas
a tu amor,
y buscas anidar
en otros ojos...

Ya es tiempo de perderte
para cruzar el frío hasta la sangre hambrienta,
la sangre que te espera,
tan cálida,
tan dulce.

martes, abril 24, 2007

Sex. Sen IX








Powaqqatsi/Sierra Pelada
Philip Glass




Primer pájaro de la mañana

Hay un falso letargo que estremece
las oseras del sueño.

Muevo
los helados menhires de la noche.

Hay un falso letargo en la cortina
de hojas,
de rumores de luz sobre mamíferos
que se han acostumbrado
a vivir del escombro.

Amo
la tristeza apacible
de esos hombres
con los ojos azules que desean
el mar.
Amo
su primera mirada
para desperezarla,
para agitar la rama en su balcón,
y estoy tan viva
que podría mudarlos
en condes jovencísimos
y podría enseñarles
una canción que cautivara a sus po-
blados.

Cubro
de día el ir aprisa, los braseros
que despiden las camas,
y estoy tan viva
que se convertirían en palmeras
los campanarios hoscos
y las torres
de alta tensión que asedian
las murallas.

Hay un falso letargo
que me gusta romper.

Abro
a la mañana un río irrepetible
y amo
la neblina de un frío conquistado
para quedarme azul
en la mirada triste
de esos hombres perfectos.

lunes, abril 23, 2007

Sex. Sen VIII






Five fathoms
Every thing but the girl




Para esa lectura del relato de Azorín, otro olvidado más, cuando Calisto ve pasar las nubes en su jardín desde el solejar , y ve a su niña corretear, seguramente bailando con Every thing but the girl... El día del libro... Sin burbujas, sólo en la distancia verdadera.







Las nubes


Reflejando
la rosada tintura,
el albear.
Tan lento
recorrido,
el cruzar por la noche contemplando las torres,
paraguas margaritas
deshojando
aniversarios tibios, juramentos de agosto.

Ese fondo o contacto con lo que está despierto
desde ayer,
esa imaginación
de animales celestes,
de montañas que flotan siempre sin alpinistas,
reflejando
la tierra paralela, el paisaje dudoso
que conoces.

Calisto reflexiona con la memoria astuta
que oculta el repetirse.

Desde el mismo
balcón miras el blanco, el gris que agrupa un rayo,
el morado bisel de la tormenta, lejos.

Y das la bienvenida
a un frecuentado cielo por el agua, sintiéndola
como un gozo,
cortina de recuerdos que te dejan soñar
con lo improbable.

domingo, abril 22, 2007

Sex. Sen VII




Hoy es el Día de la Tierra, lo recuerdo y lo celebro (todos los días lo hago) con otro dibujo de Jesús García y con la música de Charles Chaplin.




Smile. Charles Chaplin
Versión de John Barry




Columnas de humo


Detrás de las casonas
pudientes que la encina rodea con su austero
jardín. Donde el olivo olvida la varea
y olvida el piñonero el durísimo estambre
de la escarcha.

Detrás de las casonas
que miran la ciudad
encaramadas
sobre el río,
ladran los perros secos alrededor del humo
y el aire está más frío,
y esas hojas
de los atardeceres
del verano
que en pan de oro laminan

la tierra como a un mártir,
esas hojas de corcho del nogal y las hojas
alegres del castaño,
y las precoces niñas de los sauces que fueron
impacientes
con el agua,
esas hojas que llaman a la correspondencia
de los viejos pecados
a su sombra...

El aire está más frío;
la neblina
de una lumbre cercana
avanza, se detiene y difumina el lado
del silencio.

Huele el gemido leve:
no se queman, humean,
no se consumen negras como vientres de goma;
huele su estar muy juntas
igual que el alma unánime dibujada en los libros
el Día de los Santos,
pielecillas sin voz
incorporándose
al intacto tejido
que respiras.

Huele el aire más frío,
más sentir que las cosas confirman tu existencia.

Detrás de las casonas,
donde ladran los perros siguiendo a los rastrillos,
alrededor del humo,
alrededor de ti,
viva,
asistiendo.

sábado, abril 21, 2007

Sex. Sen VI















Tek Zeybek, Turkish blend
Vincent Courtois/ Gilles Andrieux








Colmena


Los frescos abanicos
de un avestruz noctámbulo,
moviendo, perezosos, la seda de septiembre
y cómo dormirán,
qué gordo vientre al vientre de otro cuerpo sumando
la ausencia de individuos
junto a su reina inmóvil.

Abanicos del alba
abriendo las turquesas del último romero:
se despiertan los ojos
de perdiz en los troncos
próximamente enfermos de la melancolía
y un aroma esencial
del fin de la impureza
del verano,
se parece al aceite que cubre los jardines
friolentos.

Y cómo agitarán
lechos poligonales si quizá soñarían
con un vuelo rasante
por jugar con el polvo
misterioso
y maquillar su espalda para una escena china.

Qué señal inaudible
iniciará la fábrica
de pegajosa leche
y un runrún de jalea
delicada.

Les hablas si tu mano penetra hasta ese instante
de recelo y se enroscan
de enojo a tu muñeca.
Les hablas con cuidado, mientras robas su azúcar,
como a los leopardos
que preparan sus zarpas cuando un intruso ronda
sus dominios.

Y ellas, que te conocen,
te exploran dócilmente
y te revelan
un dialecto de nunca
negativas
que ignora las palabras punzantes en tu rostro,
que no sabe mentir
ni escapar de los bellos avisos de la muerte.














jueves, abril 19, 2007

Sex.Sen. V






Gelosia, tu gia rendi l`alma mia.
De la ópera de Vivaldi: Ottone in villa
Intérprete: Emma Kirkby




Viento en la noche


Como aliento de un pájaro sagrado
que espera la infancia de los durmientes
y se desliza
sin enemigos,
reconociendo calles, direcciones,
sabiendo todo, todo de tu vuelta…

Lo invitas a llegar hacia tus brazos,
desabotonas
tu chaqueta,
tu infantil inquietud porque la noche
fuera una ciudad de plazas salvajes,
el disimulo de los asesinos.

Lo invitas a llegar hacia tus brazos
y es la desmesurada resistencia
que te buscó
para bailar contigo la invisible
alegría.

No hay nadie que te observe
igual que si entregándote al amor
cabalgaras un pájaro sagrado
y gritando,
volcando papeleras,
haciendo de tu voz la garza negra
que camina los lagos de la noche,
murmuraras al lado del amor
flores de viento,
flores que os regaláis sin timideces
si algún día
él no tolera más de la tristeza

y te invita a morir hacia sus brazos.

martes, abril 17, 2007

Sex.Sen. IV





The Nightfly. Donald Fagen




Semilla


Con el ensimismado girar de mi motivo,
dejando atrás los cercos de zumo por los labios,
profundizo el estrato del que toman las bestias
la auténtica memoria anterior a los triunfos.

Me voy emponzoñando
de la edad que fermenta sobre un calor de huesos.
Me voy desenroscando sin adivinaciones,
lejos de los latidos
que quieren ser robados,
descompuestos.
Me voy abriendo al pasto de invertebradas bocas,
al fondo corrompido que hierve en las toperas
consagrándose.

Como un huevo interior
o feto deseado, no estoy desesperada,
no me concibe el hielo ni me equivoca el día,
no me apremia la lluvia que mulle el plumón verde
de los cuerpos ilustres
con sus cuatro apellidos adheridos al humus.

Soy de la lentitud
de los amantes.
Soy de la insobornable terquedad del relámpago;
al lado de la muerte,
al lado de los seres voraces, rasadores
de tuétanos, de savias donde me fui afrutando
en fértiles cosechas, en anteriores vidas.

Lentamente enraizando
bajo algodón que cuidan los niños de la escuela,
bajo la piel de mármol de un dios de gruesos muslos.

Diminuta, obstinada,
hormiga fundadora de comercios fluviales
y, no obstante, más grande
que el altar de obsidiana donde se seca a solas
la huella de un deseo;
más fuerte todavía que el pan, que el vino ansiado,
más tenaz que el amor
y sus anillos.



(Ahora , en la distancia del tiempo, releo el poema....¡Qué denso! Supongo que voy aprendiendo a dibujar mejor la ligereza)

lunes, abril 16, 2007

Sex.Sen. III









My song. K. Jarrett
Intérprete: Pat Metheny




Sigo con Klee, con la lenta elaboración de la magia necesaria para mover del silencio a quien se requiere, para que el olvido ni siquiera me mire....Pat Metheny, su guitarra barítona en la también hechizante melodía, vieja querida melodía de K. Jarrett.

El poema está dedicado en el libro: Para M. P. Pero el tiempo juega con las intenciones y "siempre" no existe...



Hechizo




Prende la vela del atardecer...

Entra un humo templado
en el tapiz de invierno de la lluvia,
un aire vertical
que salta el río y viaja a su ventana
y penetra bajo su puerta, al lado
del sillón que conserva su lectura.

Él está distraído,
está con la tristeza de los hombres
que huyen del sol porque para esos días
del sol cuando promete
monedas
o que todo volviera a convertirse
en una carta enamorada, un signo
que contradice
la indiferencia,
ya no hay nada que les vuelva inocentes
tan de abril
como una petición de la dulzura.

Prende la vela del atardecer,
la que huele a la flor
nativa del naranjo,
la que conserva el borde cristalino
de las conchas
profundamente lejos del acero
del hielo, de la niebla,
de los puentes, del frío.

Él está distraído,
piensa que el vaporcito que le pasa
las hojas de su libro es un instante
donde se queda absorto de su pena,
donde juega
el orden de su casa
con el eco traidor
que restituye
el instante temible de las cosas
perdidas.

Pero el humo
acaricia su cuello,
su canoso perfil, la luz callada,
y tus suaves palabras,
que escapan de la vela a su destino,
recitan en su oído inesperados
tratos de tus caricias,
hebras que al atraparlo
le hacen temblar, lo besan.

Poco a poco tu voz, prendido aroma
anaranjado,
tu voz que va venciendo a los fantasmas,
se adueña
de la distancia sobria
que mantiene al mirarte,
al evitar tu gesto
que lo invita a reír con las gacelas
amorosas.

Tu voz,
como decirle: “es bueno que te alejes
del reflejo animal si la mañana
encuentra alguna excusa
que rompa tu secreto de hombre triste”,
como decirle: “es bueno que te alejes
para buscarme en ti por si mi risa
anima a los jilgueros
y me quedo atrasada con sus plumas”.

Tu voz de olor,
de red de cera
tan sólo aparentando consumirse,
murmurándole
que tú eres el desorden
que lo empuja a vivir, a amar la lluvia
cuando la tarde pierde su vestido,
cuando los perros ladran
el hambre de la luna sobre el hielo
y en su casa el silencio entorna puertas,
y él está distraído,
intentando leer aunque hay un aire…

sábado, abril 14, 2007

Sex.Sen. II



Night and Day. Cole Porter
Intérprete: E. Fitzgerald


¡¡¡¡¡¡¡¡Me encanta Klee, me encanta Cole Porter!!!!




Estado natural


Con el sexto sentido que me hermana
a los gatos enormes
de esta ciudad,

con el sexto sentido de los perros
que huelen el peligro
y no obstante se vuelven a un peligro
de abandono,

soy tranquila
porque obedezco al nombre que mi madre me dio
pero tengo el nombre de los gorriones
que separan los cuerpos
del día y de la noche;
tengo la gabardina
de los reptiles
que asoman sus ojos por los retretes,
y es asombroso
que aún esta ciudad viva en el campo
y que en sus callejones
se miren animales más grandes que palomas.

Mírame, soy tranquila:
puedo esperar
generaciones
que apuren la sonrisa de un amante
hasta estilizarla con un breve paso a dos;
puedo reconocer
las plumas del milano
en la barra de un bar,
los bigotes del lince en las conversaciones
de las fruterías
y el brillo boreal de la galerna
en la red fotográfica
de una mujer muy alta.

Mírame, soy tranquila
con el sexto sentido de las frutas
que conocen el punto preciso para abrirse.
Soy tranquila
porque estoy liberada
de mentir,
de esforzarme que quiero ocultarme si quiero
que tu me consideres como soy:
del otoño,
de la ciudad
y, de los animales,
su cereal de carne
y su instintivo olfato en la pasión.

jueves, abril 12, 2007

NUEVO LIBRO: SEXTO SENTIDO

Fue mala suerte publicar esta colección de poemas, Sexto sentido, casi a la vez que el estreno de la película. De todos modos hay bastantes libros de diversa temática con este mismo título.
Sexto sentido es, creo, optimista y abierto. Las palabras vuelven otra vez al amor por la ciudad, los amigos, los secretos felices, vivir... Y ciertos amores imposibles hechizados...

El libro lleva algunos dibujos de mi querido amigo, pintor y fotógrafo, Jesús García. Ir poniendo estos poemas es un modo de agradecimiento a sus atenciones para conmigo y una felicitación por su inminente cambio de vida.

La música que me gusta y otras imágenes.... Jardines de mi ciudad, Klee.... Bien, aparece el primer poema







Acariciando


Te llaman, te sonrojan
y graban en tu piel su santo y seña,
una corazonada
de acogerte como a una de los suyos.

De pronto
comprendes el idioma
que oíste desde niña,
distinguiendo
los roces guturales de las rocas,
el lejano chasquido de las ramas,
la solapada voz
de las lombrices.

De pronto,
el arte culinario de los pájaros
y el postre del frutal
ofrecen a tu boca
el salado sabor del Quinto Día,
un sorbo de asombrada certidumbre.

Y aprendes a mirar lo que está oculto:
polillas que despiertan
con enorme apetito de la noche
y las rapaces rojas que vigilan
los huevos,
la fatal presunción del urogallo.

Viene un olor tranquilo de los peces,
ráfagas que destilan
el romero, la mejorana, el pasto
queridísimo;
viene un aroma a hembra que la ciudad
no asea
para guardar el rastro de su amante.

Te llaman,
te sonrojan porque te están llamando
por tu nombre animal.

Y acarician muy dentro
la piel que el desencanto no encanece,
la piel que se interpone
entre la muerte y tú,
cercana al nerviosismo de los corzos,
ajena al laberinto de tus miedos.


miércoles, abril 11, 2007

El libro de Zaynab. Último poema del libro

        © Ricardo Martín




Para este último poema no hay música que acompañe. Silencio mirando a la ciudad. La despedida de Zaynab.






Alá te corresponda para siempre,
ciudad de mi enseñanza en el dolor.

Despedirán al alba los amantes
su insaciable temblor o su costumbre
y se despertarán los arrejaques
que anidan, breves, en los alminares.

Habrá alguno que riegue con sus lágrimas
los rosales de mi amado jardín
y otro vendrá del zoco de alatares,
con perfumes preciosos, a mi madre,
ebrio en algarabía y regateos
del sonar de monedas y miradas.
Ofrecerá mi padre mi yegüita
en el Suq al-Dawabb,
dirá “Zaynab” mi hermana al enjoyarse
con mi broche preferido de aljófares.

La ciudad, tornadiza, se abrirá
a las luces que llegan y a la fama.
Y cuando venga el viernes
nadie me nombrará en la maqbara.

Habré llegado al mar
durmiendo un sueño de sal en el tiempo.

Me despido, ciudad de la dulzura,
Alá guarde tus muros al futuro,
preserve tu aliento de los impíos
que ignoran que el amor
es el precio más alto del olvido.




martes, abril 10, 2007

El libro de Zaynab. I´Dar Dunnuní. IX y X.


        © Ricardo Martín







Al contemplar no vi a otro amado
E. Paniagua



Añorando el agua soy el desierto
perdido en el desierto
que piensa en el estanque de una huerta;
soy un pueblo vacío de sus gentes,
con los aljibes mudos
y con las fuentes secas.

Añoro el agua que escapa sin penas al mar.
¡Ay, si mi casa fuera
el légamo del fondo en cualquier río!
Dormiría sin llanto,
sin presencia o razón,
alimento de los peces mi cuerpo,
compañía de norias que, en su ahínco,
suben las aguas y mi sangre blanca
a tu tranquilo baño
por volver a besarte en tus caderas
sin tú saberlo, mi señor amado.

Añoro el agua
para ser oscura, guardar el cofre
de valiosas monedas
o, tan clara, jugar entre las flores
que inclinan su belleza,
su calor en la siesta.

Agua seré y me perderé siempre.




        © Ricardo Martín

Cuando llegue la noche,ay, como tú llegabas,
blanca alevilla,
caminaré hasta el mar donde se abisma el mundo.

Escaparé de casa,
recorreré las calles que tú bien conocías,
con sigilo en mis pasos por si el chorta me escucha
y me obliga a volver.

Mientras tomo el camino
que lleva a Bab al-Qantara*,
oiré rumores
del roce de las rosas en la diáfana brisa
y aspiraré el aroma de los patios guardados.

No llegare a tu almunia
ni turbaré tu sueño tranquilo en tu jardín.

Porque me coseré
guijarros en las sedas:
Oh, mi vestido ornado con pesados diamantes
de fatal resplandor.

Así alhajada,
me mostrarán las aguas los rizos de ajomate,
un lecho de tibieza donde yo te amaré
hasta el final lejano
de los días.


* Puerta del Puente ( de Alcántara)

lunes, abril 09, 2007

El libro de Zaynab. I´Dar Dunnuní. VII y VIII .


        © Delacroix





El vino como sangre de gacela
Calamus




Narraban maqamat*
por ver quien se llevaba con su ingenio
el honor de la sonrisa real.
Se intercambiaban chismes
cual mujeres ociosas del hamman.
Estos eran caballeros, poetas,
disculpando mi estancia por mi origen,
loando a Ra'su-hu por sus palabras.

Una orquesta con hombres
y otra con mujeres
aunaban la flauta y el rabel
y el baile de caballos comenzaba
recordando batallas en oasis.

No cejaba en mirarme,
sabía mi rubor y me extrañeza,
pero en su excelso trono se alejaba...
Entendí que mentir fue su silencio.



*Cuentos improvisados de ingenio e ironía








        © Ricardo Martín


Vuelvo a mi casa, a mi sueño , al jardín;
me despojo del oro y de las perlas
como un árbol delgado del invierno.
Se convierten mis frondas
en un bosque desnudo
sin lenguas que rompan su silencio.
Quiero olvidarme sola
y he de preferir tu olvido al harén,
odiando a las esposas de tu amor,
los juegos salaces de los eunucos.

Vuelvo a mi casa antes de mi destino.
Ya fui tu esposa y todas las demás
que serán halagadas;
fue la dote mi pasión casi niña,
mi palacio, la noche deliciosa
en mi jardín secreto.

Pues eres mi señor
y a ti soy obligada,
corro a mi casa triste, no ha de verme
mirada masculina
antes de oscurecerme en la desdicha.

      domingo, abril 08, 2007

      El libro de Zaynab. I´Dar Dunnuní. V y VI .






      Es bueno todo lo que surge de vos
      Luis Delgado


      Pintaban las bailarinas sus ojos con kuhl,
      la alheña daba brillos a su pelo.
      Eran un alegre jolgorio ecuestre
      dispuestas a la danza, cada una en su corcel.
      Sus risas se mezclaban con el olor del aire.

      ¿Qué paraje encantado
      donde los aromas de las semillas del sándalo
      fermentaban en la orilla del río
      haciendo un bálsamo de sus arenas suaves?

      ¿Qué don del Paraíso
      por que las aguas se amansaran lentas
      y apenas pareciera la corriente
      un fluir interior?
      Gemía la noria con el esfuerzo
      como el lamento de camella herida.

      Y el espíritu de los que allí se solazaban
      era el sosiego del gozo cumplido,
      resplandeciendo c1 vino en el cristal
      y queriendo embriagarse, al verlos, de esos labios.

      Mas entre tanto júbilo,
      no podía creer de otra hermosura:
      En medio del estanque, la Qubbat al-Na'im*,
      cristal cubierto de agua, hechizada caverna,
      alcoba escogidísima
      para el relato interrumpido de Sharazad**.
      Oh, milagro del agua, sin mojar refrescando.

      *Templete con el techo constantemente cubierto de agua donde el rey se refrescaba sin mojarse. Al parecer, situado en la Almunia Real. **Personaje femenino de Las mil y una noches





      Dentro de la Qubbat,
      Aquel nos sonreía
      y eras tú,
      mi Rey, mi rey secreto, al que jamás nombré;
      de ti supe tu nombre
      y se me abrió la herida, el dolor que ocultaba.

      De ti supe tu nombre, era la voz precisa
      de la muerte en tu ausencia,
      palabra que añoraba y que tú no dijiste
      por tenerme piedad.

      Fue distancia y silencio
      el conocer, saberte príncipe soberano.
      Eras mi amante dulce venido de la luna
      que, desvelado el sino,
      se va sin el retorno del beso del recuerdo.

      Si en el I'dar me viste
      o viste mi tristeza en tus jardines regios,
      no debiste llamarme
      por Ra'su-hu, el pérfido.

      Eras el cazador
      que abandonó a su suerte al animal quebrado
      de muerte en la espesura.







      sábado, abril 07, 2007

      El libro de Zaynab. I´Dar Dunnuní. IV .






      El vergel ignorado
      Luis Delgado






      La mano del Fuerte cedió su permiso.
      Ra´su-hu me guió, corderilla mansa.
      Lloraban las norias que suben el agua
      Que llega a las fuentes que aplacan la sed.
      Los árboles verdes dijeron mi nombre,
      yo pensé en el nombre que nunca aprendí.
      Me llamaba el agua de paso riente,
      regando los huertos, marchándose lejos.
      Un presentimiento me envolvió y temblé;
      que mi alma se iba tras el canto líquido
      buscando enjugar mi penoso ardor,
      mi silencio triste, mi noche tan negra.










      Con la licencia que te dio mi padre
      por caminar conmigo,
      primo, ¿qué senda es ésta que nunca he visitado?

      Entre endrinos y sauces
      mi corazón se aplaca con sus jugosas sombras,
      la tibia brisa es un tacto de gasa
      y la canción del agua se entretiene en la azuda
      bordando rizos de lluvias alegres.
      Es plácido el camino entre las huertas
      pero, dónde me llevas si no nos detenemos?

      Un frondoso jardín cubre mis ojos,
      “es el Bustan al-Na'ura*”, me dijiste.


      *Jardín de la Noria. (Huerta del Rey o Almunia real


      viernes, abril 06, 2007

      El libro de Zaynab. I´Dar Dunnuní. III .

          © José Antonio Torres Martino





              Tawachi Qudam
              Calamus



              Otra noche sumando las estrellas
              atenta a las pisadas de la calle,
              loca avecilla inquieta en la ciega negrura.

              A la luz del candil
              rimo mis amarguras con las sombras
              como si me marchara de la vida.

              La tarde se pasó con mi hermanita
              moviendo sus ajorcas para hacerme reír,
              susurrando los chismes que oyó de 1a cocina.

              “Pronto te casarás”, me consolaba,
              “y brillarán tus ojos con el kuhl,
              dos diamantes pulidos por el mar”.
              Ella no comprendía, pensó que mi gemido
              era el desasosiego de la fecha.

              La razón de mi llanto es una sinrazón,
              ya no encuentro aleya que la desdiga.

              Llega el alba, se oscurecen mis párpados
              y cuando la mañana avente el humo
              del candil agotado,
              caerá el jardín en una niebla helada,
              mi apreciado jardín,
              ayer en la alegría del color
              y hoy, páramo yermo.

                      ------


                    A la espera del agua
                    se quemó mi jardín.
                    Ya no llueve en la tierra
                    que tú hiciste reír.


                    ------








            Se ha trastornado oscura esta ciudad.
            La de alminares altos y dorados,
            la de ruidosos zocos,
            mirada atenta de los extranjeros,
            fortaleza de luz
            en los muros dispersados de Al-Andalus.
            Mi madinat querida, Tulaytula*,
            que hasta el país del Tigris
            llegaron sus anales...

            ¿Qué cárceles cercaron su arrabal?

            ¿Qué negro pasadizo,
            más oscuro que aljibe,
            ha cambiado el color de sus granados,
            el verde agradecido en sus colinas?

            Antes fui vagabunda que buscaba,
            mas ya no existe causa de mi gozo.
            Son sombras estas calles,
            las cuestas, las mezquitas,
            y en la muerta palidez del cielo
            vuelan horribles pájaros:
            Ni el más diestro brazo de altanería
            acertará a abatirlos.


            *Toledo


          jueves, abril 05, 2007

          El libro de Zaynab. I´Dar Dunnuní. II.







          Quddam.Rast
          Gregorio Paniagua


          Nos recibió en la sala al-Mukarram.
          No acerté a ver el rostro
          del señor dunnuni.
          Otros hijos de nobles
          iban a ser honrados
          en el I'dar de Yahyà al-Qadir*.

          Tras los menacires de las señoras,
          entre tanta alahajada perdiz,
          apenas distinguía
          la barba de mi padre,
          a Ra'su-hu y sus adulaciones.
          Muchos hombres sin tacha
          orillaban el trono temerario.
          Velada detrás de la celosía
          buscaba la sonrisa
          que robó mis sonrisas inocentes,
          el halcón que arrebató de mi nido
          frágiles perlas dulces,
          y estando tan callada me moría
          cual si fuera esta fiesta
          secreto funeral de mi esperanza.

          La reina me miró,
          instó a mi madre para que yo comiera.

          ¿Qué bocado gustoso
          sabría yo tomar en mi agonía?

          *Nombre del nieto del rey





              © August Macke



          Si yo no hubiera estado muriendo lentamente
          habría valorado los dones del jardín:
          Diáfanas terrazas voladas sobre el río
          juntando los colores de rosas estimadas;
          la sala de perfumes, un techo celestial
          de tapices dorados,
          los aromas del ámbar y flores de Catay...

          Peinándome cl cabello,
          mujeres con las uñas tatuadas por los dioses.

          Más que un jardín un bosque que, en amenas colinas,
          servía de infinito vergel para mil pájaros
          de encantado plumaje y canciones de luz.

          Y la reina jugaba a alquerque con mi madre...
          Vi a mi hermana pequeña correr entre los mirtos,
          vi el alarde orgulloso de los hombres del rey.

          Las doncellas más jóvenes ofrecían los platos
          del exquisito hojaldre relleno de pichón.

          Pero ya estaba ciega y, viendo, no veía,
          sólo escuchaba al río escapando del llanto.
          Al agua le pedí
          que me llevara aprisa
          por abreviar la muerte que en mi pena se holgaba.

            miércoles, abril 04, 2007

            El libro de Zaynab. I´Dar Dunnuní. I.

            (Ver entrada anterior)





                  © Matisse





            Se convirtió mi espera en calcinada brasa.
            No adiviné su sombra presurosa a mi lado,
            no escuché ni un crujido de alerta en mi jardín.

            Añoraron mis sábanas otro calor, el fuego.

            Las estrellas callaron su ausencia inesperada,
            las lágrimas ahogaron mi entrecortado aliento.
            Temí si estaba enfermo, si se fue de viaje
            a la ciudad del Sur.
            Pregunté a los espíritus, al aire y a las rosas.

            Y el alba acaeció como verdugo blanco
            por segar mi esperanza con un filo de angustia,
            encontrándome sola, con las manos abiertas,
            igual que el pobre hambriento que yace en un rincón.

            ----------

                  ¿Por qué no has regresado
                  a mi nido caliente?
                  ¿Dónde estarás, paloma,
                  en la noche que crece?


            ----------





            Cruzamos por Bab Al- Yayl*
            después de atravesar
            el zoco de las bestias,
            donde mi yegua y yo nos encontramos.
            Mi padre iba delante
            abriendo paso con porte solemne,
            mis hermosos hermanos,
            prometedoras yemas.

            Me cubría con velo, iba tan triste...
            Quise ocultar mi rostro a las miradas,
            el blanco pétalo, en mi cara, enfermo.

            La esperanza de hallarle entre los nobles
            invitados del rey,
            mirarle y preguntarle sin palabras
            la razón de esta herida,
            el porqué de esta muerte hacia mi pecho.

            Los sublimes palacios
            eran soles derramando hasta el río
            sus vasijas de gusto en los colores,
            y a mi derecha: erguida fortaleza,
            orgullo de la plaza señalada.

            Ay, si mi corazón
            hubiera tal muralla
            que no dejase nunca penetrar
            al amado enemigo y su veneno.


            *Puerta de los Caballos


            EL LIBRO DE ZAYNAB. Segunda parte: I´Dar Dunnuní

            Dice Clara Delgado en su extraordinario libro:



            ..." Así, al-Hiyari indica que en la ciudad está el alcázar al-Mukarram que edificó (al-Ma´mun), donde celebraban las fiestas y que los oradores y poetas han descrito prolijamente. Una de estas fiestas a la que alude debe coincidir con la descrita por ibn Bassam con motivo de la circuncisión o i´dar del futuro al-Qadir(nieto de al- Ma´mun y heredero), cuya magnificencia quedó en la Península con el nombre de fiesta di-l-nuní o i´dar di-l-nuní como símbolo y expresión del mayor dispendio concebible...."

            martes, abril 03, 2007

            El libro de Zaynab. Fin de la primera parte


                  © R. L´Hotellerie López




            Al-Muski
            Luis Delgado



            ¿Quién le abrirá el postigo de mi casa?
            ¿No se encontrará con el chorta alerta
            ni nadie le verá cruzar las sombras?

            ¿Quién le abrirá el postigo hasta el zaguán?
            Un siervo acaso, cómplice en el uso,
            o es un mago al que escuchan las llaves
            y se ablandan los muros con su voz.

            ¿Cómo burló a los perros del jardín
            y llegó hasta mi aposento de virgen,
            aquel primer encuentro, ya hace tanto?

            Me despertó su aliento como brisa,
            y en la primera noche me entregué
            como entrega el jazmín su perfume
            a la noche azabache del verano.




                  © August Macke


            Me preguntó si iría al I´Dar Dunnuní.
            Quise ver, en la luna, que cerraba los ojos,
            que un susurro de hielo cruzaba los rosales.
            Temerosa temblé. . . no sé qué presentía.

            El bosque florecido podría convertirse
            en un hosco desierto sin caminos de estrellas.

            Me preguntó si iría:
            El nombre de mi padre era sobrada estirpe
            por ocupar estrado dentro del Al-Hizam
            y yo sería en silencio, engalanada y quieta,
            junto a mi madre tras los regios menacires.





            lunes, abril 02, 2007

            El libro de Zaynab. Madinat al-Muluk. XXIX






            Touchia-Sana´a Qaim Ua Nisf I
            Gregorio Paniagua







            El hijo de mi tío, Ibn Arfa Ra´su-hu*,
            fue gozosa visita
            como la brisa fresca de la tarde.
            Mi madre perfumó
            las telas del diván
            con esencia de las rosas de Jur
            y engalanó las sedas a sus pies.

            Le ofreció vino dulce,
            él sonreía con el gesto astuto
            de quien conoce el mundo
            y aprecia lo exquisito.

            Mis hermanas cantaron
            con flautas y el laúd,
            mezclando su alegría las sonajas
            con las bellas palabras de mi primo.
            Escuchamos sus zéjeles
            y nos narró la gloria del león dunnuni**
            y el goce del sentido en la Qubbat al-Na'im***.

            Yo me atreví a mostrarle
            mi tímida casida
            del amor de Bagdad****.
            Ra'su-hu me observó,
            halcón que, descubriendo
            el miedo en las pupilas de la ardilla,
            planea sobre ella en terso vuelo.

            “Tus versos llegarán
            a la Amable Presencia
            y ha de venir el día
            que, de tu propia boca,
            le cantarás tu música.
            Él se habrá complacido,

            tocará tu mejilla”.


            Me asustó aquel halago
            de labios tan versados en la miel.

            Mi primo no sabía
            que ya tengo señor a quien complazco
            con secretas palabras
            de mi encendido cuerpo.


            *Poeta de la corte del rey Al-Ma'mun **Al-Ma'mun ***Templete con el techo constantemente cubierto de agua donde el rey se refrescaba sin mojarse. Al parecer, situado en la Almunia real. ****Poesía del «amor `udri» que se puso de moda desde la época de la Córdoba omeya.

            domingo, abril 01, 2007

            El libro de Zaynab. Madinat al-Muluk. XXVII y XXVIII.





            Alquibla
            Luis Delgado

            Me regaló mi amante los versos de Ibn Hazm
            para que de ellos sepa el preludio impaciente
            del acto más dichoso, el instante de muerte
            y el gozoso cansancio que sigue a ese haber muerto,
            la rosa derramada que vuelve a dar olor.

            El libro tiene el tacto de la piel depurada
            con diamante y esencias. Abro el libro al azar
            entre tanto la espera cumpla su ser nocturno.

            “Exhalo amor de mí como el aliento”,
            y ya no tengo paz sino aspirando el almíbar
            donde flota mi fruta, tan ácida sin ti,
            día que me regala su color y se esconde,
            agua de mar tranquila con la que siempre aplaco
            mi acalorada carne.

            ¡Cómo sabe mi amigo contentarme en secreto!
            Después le mostraré lo que ahora he aprendido
            con el dulce lenguaje
            del de Córdoba.












            Al irse mi paloma a sus torres del día
            quedo mirando el alba desplegarse ante mí.
            La luz, como en hebrillas de raso nacarado,
            -aún el río en sombras- se prende al Ceñidor,
            castillo al-Mukarram*, complacencia de Dios,
            y después de posarse sobre tales dorados
            el camino del sol despierta a la ciudad.

            Mil almuédanos llaman a la salat al-fayr**
            para honrar este día que el Señor va mostrando
            sobre los alminares.

            Oigo el ruido lejano de los zocos despiertos,
            los alatares abren sus olorosas tiendas,
            descargan los faquines con sus manos heridas,
            mide el almotacén el precio del pan blando
            y los gritos pregonan tejidos de Damasco,
            semillas de la India y frutas de tez rubia.

            El río se ha teñido del rosa de los astros,
            los jardines susurran el más fresco rocío
            y la leche caliente asciende con su aroma
            a mi cama aún tibia,
            y el sueño me penetra con su dardo feliz,
            durmiéndome dichosa sobre la huella amada
            de quien está conmigo aunque se haya marchado.










            *Alcázar o castillo reverenciado. Se refiere también a los palacios reales **Oración al alba.



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