jueves, noviembre 30, 2006

Último poema de ALICE























YA NO HALLARÉIS EN MÍ
esa curiosa niña que Walt Disney
deformó del secreto de Lewis Carroll.

Hace tiempo
de mi salto a la Casa del Espejo.
Hace tiempo
que descubrí la espalda de los hombres.
Hace tiempo
que vivo en pleamar bajo la Luna.

Ya no hallaréis en mí
el desconcierto ingenuo de la infancia,
la edad de un dios ecuestre, aventurado.

Ahora es el momento de mostrarse
más envalentonada en el peligro
y no desperdiciar
ni una brizna de hierba de los cuerpos,
ni un trago de saliva
de sus bocas.

Ahora es el momento de decirse:
nada tiene sentido en esta Casa,
y llenar el horror de la certeza
con las sencillas rosas
que los días me traen,
velozmente furiosas de perfume,
velozmente cadáveres divinos.

sábado, noviembre 25, 2006

Alice




El tiempo pasa

Amores de una tarde
intensamente frágiles y hermosos.

He vivido la bárbara batalla
de ir agotando asaltos
al cariño
y era imposible
asediar un planeta con los besos,
mudarlo en la razón de cada día.

Y darme por vencida fue el descanso
de cualquier enemigo que conozco.

Amores de una tarde;
no da tiempo
a pensar en mañana
o repetir un acto codicioso.

En cada instante un mundo que se extingue,
en cada movimiento más de un siglo.

No he de buscar un nombre a esos amores,
no tendrán por testigo la pereza.

No exhalarán herrumbres de agonía
ni cicatrizarán anestesiados.

Ellos sí son verdad:
nunca pactaron
con un amor extraño a su hermosura
o con un enemigo imprescindible.

domingo, noviembre 19, 2006

Seguimos con ALICE




CIRCE

Se fueron los marinos...
Tenían morenas esposas de ojos
penetrantes,
mantos granate
limpios en arcones taraceados
y, en las bodegas,
vino casi perfume,
casi Madagascar en travesía.

Observo el horizonte sin albatros,
tranquilo espejo donde alguna vez
habré de sumergirme
desmemoriada
de las embarcaciones
del deseo.

Y levanto mi mano
no sólo despidiéndome, no sólo
encendiendo los faros, las hogueras,
las estrellas del Norte,
el cromado color del astrolabio.

dejaré qe las brújulas
recobren los imanes del hogar
y ocultaré la altura
de mi isla.

Oh, padre Sol,
qué muerto satisfaces mi garganta
silenciosa...

Penetro
en la amarilla hierba
de la noche,
y preparo
el bebedizo amargo de la noche
y recibo
a las otras visitas de la noche.

sábado, noviembre 11, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey y III




III

(Con Luis Cernuda)

Los hermosos muchachos mueren pronto...

Si vivieran más tiempo que nosotros,
¿qué harían, derrotados
por su propia belleza?
¿Qué túmulo mediocre erigiríamos
para salvar los restos
de sus labios de sal?

Deben morirse pronto esos muchachos;
que no resistan ni una noche más,
tan parecidos
a la flor del cactus, tan parecidos
a la exquisita forma
que ofrecen las auroras boreales
en las noches intactas, malignas de septiembre.

Muchachos como Mozart,
como petunias blancas o troyanos
que no conocen la mitad de un siglo
ni las líneas
de fuga
cuando la perspectiva
estiliza decepciones ocultas.

Deben morirse pronto
en nuestros brazos, besando su pelo,
mirándonos azules,
con la intensa sonrisa
de aquellos que nacieron brevemente
perfectos.

Deben morirse, apenas un instante
nos hiere su belleza...
Ah, ¿qué harían
con nuestro corazón desasistido
si crecieran y fueran
nuestros amos?
Dibujo de Gregorio Prieto

domingo, noviembre 05, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey II

II

Eres quien me separa del pasado,
de los días del Sur.

Eres quien me separa
de aquel aprendizaje de Unamuno,
del primer precipicio
para encontrarle un rostro a lo imposible.

Eres el desconcierto que me abruma
cada mañana, viva, sorteando
las trampas de un idioma hecho consuelo
cuando muy pocos saben resistirse
a la pereza.

Y tú,
viniendo del pasado me aligeras
del dudoso valor de los recuerdos;
viniendo del pasado
intranquilizas el oficio ingrato
de haber llegado aquí.

Alguna vez contemplaste mis gestos
y yo no adiviné
que me estabas mirando en el futuro,
y ahora
no acierto a recordar lo que me espera.

Por una vez, muchacho,
amo el olvido más que a un hombre sabio
e importante.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas