sábado, junio 24, 2006

Veinte para el poema, para la fotografía

© Ricardo Martín



Una lumbre apacible regalando la serenidad…
su dilación, su gradual ensombrecerse que no amedrenta.

Me preguntaría dónde se posa el pájaro del ansia,
dónde reside la certeza de un futuro favorable.

El aire rojo no sabe, ni siquiera se reconoce…
carente de nombre discurre a otro archipiélago de dudas.

Y entonces mi convencimiento se resume en ese punto
llameante:

quizá una diminuta animación tiene ahí su semilla
para que la noche no sea toda ella desesperar
o un carnívoro trágico.

sábado, junio 17, 2006

Decimonovenos


© Ricardo Martín



Giovanna Garzoni elige un pincel con un solo deseo
para atrapar el dardo o fugacidad de las golondrinas.

Ovejas pastando entre la hierba azul. Giovanna imagina
al perro pastor ¿con alas o sin alas? Qué poco pesan
la lana voladora, el chiar de las golondrinas, el vértigo
de sus rasantes sobre los aleros pardos del verano.

Qué poco pesan la perspectiva y sus balcones, los ángulos
de algo cotidiano: escuchar
a las piedras, subir, ir atesorando las miniaturas.

Qué falta de peso, ¿verdad?, si un día, tal vez, no subieras
y las golondrinas no preguntaran por ti y continuasen
celestes con su griterío…





(En cursiva: un verso de M.A. Curiel)

sábado, junio 10, 2006

Decimoctavos

© Ricardo Martín


And joy, whose hand is ever at his lips
Bidding adieu...

Keats

Aquella vez, al separarse
Geb y Nut,
no hubo retorno.

Alguien robó el instante:

cuando la ausencia se contempla
en la mirada del amor
y la alegría, levantando
su mano, permite cobrizas
promesas que se desdibujan
en lo sombrío,

cuando lo más hermoso observa
a su amante y la transparencia
disimula un desgarro,
un arrecife.

Al separarse Geb y Nut,
distanciarse para mirarse,
para el primer aullido de ansia,
para el sonido del oxígeno…

Atardece…

...Ésos son los amantes.

domingo, junio 04, 2006

Para la 17ª fotografía


© Ricardo Martín




Más allá de las encinas se eleva un territorio
donde burlarse de la muerte es una estratagema
de la vida sin cifras.

Ellos, acariciando las hojas de las encinas,
ellos altos, silvestres.
Todavía quedan dioses a salvo de los hombres.


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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas