sábado, enero 28, 2006

Tercera parte, primer poema



Old gold over white


Este aromar de los jazmines últimos
que emblanquece, ligero, cuando paso
y escucho.

Callados finalizan pero cantan.
Se consuman sin voz pero me cantan.

Y una calmosa muerte que no es muerte
despliega
la partitura donde inventa el oro
flabelos de tostadas clorofilas
y otras hojas minúsculas que nunca
rozaron el ardor ni el infortunio.

Hay una madre persiguiendo al hijo
que ahora corretea desvivido
y adorna su cabello con diademas
de octubre
como un príncipe corso, y no la siente
llorar, y nada siente allí, no tiene
cuerpo.

Una corteza de manso metal noble,
antiguo a la manera de un augurio,
me envuelve, y no se contradice el día
si desdobla
este aroma postrero hasta la calma,
si me vuelve a envolver
y se amolda conmigo hasta la lluvia.



sábado, enero 21, 2006

Segunda parte, segundo poema





Orange and yellow


Cada campanada despierta
a una ciudad de las acacias.

La calle recobra un respiro
cuando el amanecer alisa
su inminencia.
Y en los árboles,
en los delgados huecos donde
la avena loca besa un ocre
duro hueso
de las piedras,
se despereza la demanda
de quien reposa sin sonido.

Pronto avivan
un fuego cítrico las lenguas
del sudar y esa inmaterial
melancolía en el destello
del sol endiosado de julio.

Y el acero
del cielo se confundirá
con una segada planicie
sola y sola.

Mientras tanto los habitantes
de las acacias se saludan
hambrientos.
Y mi sudor se enfría, vuelvo
a dormirme y oigo opinar
sin motivo,
tan ruidosos
entre sueños,
a los pájaros.

viernes, enero 13, 2006

Segunda parte, primer poema



Blue cloud


Lo rodea todo desde una claridad
que no permite adormecerse a los gorriones.
El calor confunde esa llamada con grillos
enamorados y centellea la hierba
como un vino aloque que alguien vertió en un vientre
ofrecido, tendido y lejos del recelo.

¿Verdad que esta noche no parece la noche?

Un fulgor de luz abrasada cruza el aire;
los asesinos de ojos de sirena acechan
roedores de insomnio en la orilla del río…
pero no nos vigila su silbido untuoso
ni la culebra, allí abajo, donde la noche
perfuma peligrosa y sisean sus zarpas.

Me miras en este resplandor que rodea
todo: mis labios, del color de la sagrada
piedra con estrellas, tus labios acercándose,
y veo a tu mano bajar entre mis pechos.

Todo es una sombra que arde sin aflicción,
densidad complacida que guarda la luz
cuando se fuga
de un día de verano y nos abraza a solas.

lunes, enero 09, 2006

1ª Parte, segundo poema





Green divided by blue


La ráfaga del martín pescador,
un breve pensamiento
conteniéndose
en el vuelo inicial de la belleza.

De la belleza de la flecha incisa
en el río
para tanto apetito:
consigue el alevín que no fue cauto
y sin frenar captura una libélula
descabalgada y torpe con su brillo.

La esmeralda veloz tiene la mágica
ausencia del dudar o detenerse
por mirarse; su aletazo es la brisa
que queda tras arder
una intención.

No puedo conquistarlo,
ni siquiera observar su a ras del agua,
su posarse en la rama,
irisarse
entre las hojas finas y la seda,
más que celeste, abril.

Y el tri-trí
que parece citarme
oculta
su posesión preciosa.

Esto es vivir, sucede a cada instante.

Sólo alcanzo
a contemplar, flotando, el pensamiento
en el agua,
un reverbero glauco,
apenas una estela de lo vivo.

viernes, enero 06, 2006

1ª parte, primer poema






Green, white and yellow on yellow


Algo fresco que en nada se parece al tegumento
del diamante ni a la tersa porosidad del mármol
pulido de la pena.

Algo fresco entibia con una bocanada de aire,
deshabita la persistencia del helor que aturde,
templa, desocupa el exceso de las alabanzas
en las noches enormes
sin pájaros nocturnos, sin caderas desasidas.

Algo fresco y, sin embargo el día, de tan azul
verde muestra su gesto, su cielo, su libro de horas
abierto en una sonrisa de adiós, por fin, al hosco
semblante de febrero.
Y una terneza verde
de puro azul pronuncia casi albar esta mañana.

¿Cómo puedo ignorar la vocecilla de las prímulas
que, por un algo fresco y claro, jaldes parpadean
leves, tapizadoras?

¿Cuándo tendré un instante más dorado que este signo,
el rastro del instante
donde apenas respirando me convierto en aliento
de algo que ayer no estuvo
y en la mañana, ligero igual que un soplo, acaece
y sonríe salvaje?

¿Cuánto, del fresco y blanco misterio que ciñe a un mundo
surgiendo de improviso,
dice mi nombre y me desviste de las ropas crudas
y me da una raíz
y me inaugura?

Nueva serie

Bien, Día de Reyes. Nueva serie de poemas. Ésta pertenece al libro JARDÍN AL MAR, publicado en el pasado año. Mi amiga almena, fiel lectora, y mi querido blogsin ya los leyeron en el anterior blog; quizá también alguno más de los lectores.

La serie, dentro del libro que he citado, se titula TOPIARIA DEL COLOR y está dedicada al pintor Mark Rothko. Descubrir su pintura fue oír cómo habla la plasticidad, cómo escucharla...y fue aprender a mirar.

Su estructura: Cuatro partes-tal vez las cuatro estaciones- y, en cada una de las partes, varios poemas. Éstos suman un total de nueve. Los títulos de los poemas son los mismos que llevan las pinturas elegidas.

En fin, ahí van...

miércoles, enero 04, 2006

Última fotografía, último poema


En lo más silencioso habita
una belleza que se ignora,
un fuego inextinguido.

Dime cómo mirar
para quemarme.
















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Última foto, último texto de esta serie, del libro EL ESPEJO DEL VIENTO. Mañana, más...o pasado....otras imágenes queridas, otros poemas.

domingo, enero 01, 2006

Penúltima foto, penúltimo poema






Los gatos,
como niños que son, saltan los charcos
para vencer el agua de una selva.

Los niños,
más gatos que otra cosa, merodean
caricias que no piden. No hacen caso
a tu llamada.
Escapan.
Vuelven.

Los gatos, cuando salen de la escuela,
ríen.
En la escuela maullaban con la tinta,
ahora se ríen de la humedad
del aire,
de su lágrima adulta.

Los niños ablandan cada columna
con su pelo tan suave.
Juegan a hacerlas dulces y pequeñas
y las columnas bajan galerías
por oírles hablar en el idioma
de los gatos.

La plaza se abre más
porque los niños buscan sus gateras,
porque los gatos mojan sus zapatos.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas