domingo, agosto 28, 2005

Palabras de Calipso


EN OGIGIA


Él ha pisado las violetas, se tambalea, cae, vuelve a levantarse, dejan sus talones un rastro de siembra estéril en la playa.

El tiempo es una grulla que vuela al sur y se detiene en el retorno de una nave que ya no transporta a los átridas sino esmaltados cofrecillos de niños.


(Si la luz incidiera bajo el árbol, si una bondad de luz cruzara bajo el árbol)

Él se acerca, se tumba junto a mí cincelado de tiempo, fechas de herbívoros de tiempo sus piernas desnudas (le mordería), y en su cintura sumo edades malogradas (paladearía a qué sabe la sangre de su tiempo)

Y me habla de su patria con labios blandos, femeninos en los dinteles de las casas, con pesadillas recortadas como mujeres en llamas en torres enemigas, robé sus ajorcas, me dice, un botín para el olivo de su cama nupcial.

Luego llora porque ha mentido, ha olvidado y recuerda, y miente, y ha mentido.

Y me habla del regreso, reuniré mi herencia en un monte de lluvia, será dulce el agua que lo mece.

A mi lado no hay tiempo, va un ave desde la isla, nada dibuja flechas de futuro, nada al final es un abrazo.

Los amantes
se ocultan bajo el árbol, se aman sin propósito, sin tiempo, sin tiempo, sin tiempo.

domingo, agosto 21, 2005

Beatriz Portinari



Mostrasi sì piacente a chi la mira*



Camino con los niños que cruzan el sembrado cuando la escuela al sol. Si viera el campesino cómo buscan perdices y engañan al reclamo, verdes más que la hierba.

Vuelo con la bandada vertical y silvestre. Es una tela fina rescatando la luz, jugueteando al ánimo…agita un aire corto y la impaciencia de esas ramas que alocan brotes de febrero.

Y dejo secos bulbos de niebla resistida que a ras de suelo rueda para que los amantes se sientan melancólicos en sus mesas de té.

Alguien que me ama lejos no duerme porque me ama; lo leo en mi semblante del espejo, sonríe como el autorretrato de Latour; lo leo en las macetas de margaritas nuevas, se vuelven a mirar, el infierno no existe.

Y soy de lo dorado: me rescata la luz, me imploran las perdices, me repite febrero, la abeja soñolienta que, inexperta, se huele, se quita el hielo y vuela.

Y viajo con mi amor aunque nunca conozca a quien me amaba.


*Verso de un soneto de Dante



* La pintura es de O. Redon

domingo, agosto 14, 2005

Cat People


IRENA



Dejadme
que simule estar muerta bajo el árbol.

Vienen los monos aunque
me presienta el impala sensitivo
o cualquier hombre tenso,
buen padre de familia se encarame
al tejado.

Vienen los monos
como palomas, como bulliciosos
danzarines de verbena que ignora
ramas emponzoñadas,
para asegurarse que estoy tendida
y mi desmesurado corazón
es un harapo
de los días de lucha.

Si ahora parezco
rematada por flechas de cansancio
guardo mi aroma que fascina, la noche
reconoce lo que he de devorar.

Muertos, dejadme
que le hurte al tiempo el hueso de los buenos;
se bajarán los monos, se confían,
quizá me arranquen pelo
o se orinen en mí.

Dejadme el juego.
Toda la fiesta olvida una fragancia
de alarma.

De pronto el viento es lento comparado
conmigo:
primero es mi pupila...un tacto de uñas...
¡Y tan hermosa el ansia en mi zarpazo!

martes, agosto 09, 2005

¿Quién teme a Alice Liddell?


INSECTOS EN LA CASA DEL ESPEJO



Una señorita,

a la que nombramos con el apelativo poco correcto en la ciudad donde la simetría desdeña el arte de la fuga,

patina semejante a una luciérnaga comiendo de las trufas que laten a medianoche en el bosque de las conmemoraciones,

patina en la porcelana con tres mariposas del té destinadas a morir porque es imposible beber y no naufragar.

Esta señorita

ya no se marea por andar al revés; concertista patina, va de atrás hacia atrás girando el cuerpo, un pirueta vira su cuerpo…es fácil desplazarse al pentagrama no descifrado aún.

La señorita,

que ha olvidado cruzar a nuestro lado, retrocede –repito- al momento en que la hija de un banquero se siente mirada por el Poeta de los Círculos pero se hace la tonta,

toma la pesadumbre del amigo de Virgilio y patina hasta la playa que nos aterroriza, y la tristeza imperecedera de aquel amor imposible le afila las cuchillas, la sitúa en el tablero de ajedrez, y la vemos, una y dos, saltando y, tres, llegando blanca, negra, libélula ligera entre los juncos.

miércoles, agosto 03, 2005

Ella tocando la guitarra

LAS MADRES

Una flor de ciclamen blanca, persa, disecas en el libro de los miedos.

En el retrato de la chimenea dudas que estés viviendo y precisas, entonces, el depurado estilo para la resonancia en la madera, el marchado barniz donde se apoyan tu agilidad y el gozo de la música, y reconstruyes la delicia de una belleza a salvo de esto triste.

En cuántos jardines de poetisas célibes repartes partituras, oh, tanta gracia.

En cuántos jardines llamados Mar del Plata ellas piensan, ahogadas, y tú no te hundes, esperas a que las cosas se eleven y caigan maldecidas, como estar retratada y estar entre despojos del amor.

Si la amargura asola y el pavor se acostumbra a los benditos una flor de ciclamen blanca, persa, recoge la certidumbre de anónimas mujeres en su memorial de matriarcados de la hechicería.

Yo estoy aquí, te he encontrado el autógrafo de Tárrega y el diapasón, moneda, talismán para entregar al Caballero Blanco.

Serás la reina del atardecer de agosto.

Estoy aquí heredando tus jardines, jugando, igual que tú, a las damas que avanzan sus presentes.

No olvidaré regar ni amar ni, en marzo, limpiar de soledades las albercas.




Este poema está dedicado a Rosario F-H, concertista y profesora de guitarra, mi profesora de guitarra(1914-1999)

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas